“Antonio ya recibió en esta tierra ese ciento por uno, el cariño del pueblo, la fecundidad de su ministerio, tantas vocaciones, comunidades fortalecidas y corazones transformados”, expresó el Cardenal Luis Gerardo Cabrera.
El jueves 5 de febrero, con gran pesar, el Ecuador recibió la noticia del sensible fallecimiento de Monseñor Antonio Arregui Yarza, Arzobispo Emérito de Guayaquil. En la Eucaristía de exequias celebrada en la Catedral de Guayaquil el sábado 7 de febrero, el Cardenal Luis Cabrera, ofm, lo identificó como un pastor íntegro y comprometido con el bien común, la justicia y la paz. “No venimos solo a llorar una ausencia, sino a confiar un hijo amado de Dios en sus manos misericordiosas”, expresó.
Destacó la profusa obra espiritual y material del pastor, como la construcción del Santuario de la Divina Misericordia, el Banco de Alimentos “Diakonía” y el Centro Terapéutico San Juan Pablo II.
Monseñor Arregui llegó a Ecuador en 1965, proveniente de Oñate, España. Fue Obispo Auxiliar de Quito, Obispo de Ibarra, Arzobispo de Guayaquil, Administrador Apostólico en varias diócesis y servidor incansable de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, primero como Secretario y luego como Presidente. Preparó con esmero las visitas del Papa San Juan Pablo II en 1985 y del Papa Francisco en 2015.
El Cardenal Luis Cabrera destacó que Mons. Arregui siempre fue respetado por su palabra clara y serena, por su defensa de la dignidad humana, la justicia y la paz, porque “hablaba desde la verdad y vivía con coherencia”.
“Para mí fue un hermano y amigo que, incluso en su enfermedad, siempre estuvo cerca para brindarme un consejo sabio y prudente. Del mismo modo, me acompañó, de una manera discreta, en los momentos importantes de la arquidiócesis. Gracias Antonio, por tu cercanía, por tu sencillez y por tu generosidad; gracias, por tu don de gentes, por tu palabra firme y tu corazón compasivo; gracias por tu amor preferencial a los pobres, a la Iglesia y a este pueblo que tanto te quiere”, proclamó el Cardenal.
Monseñor Antonio Arregui creó más de 65 parroquias en zonas periféricas, ordenó a más de 45 sacerdotes. El P. Omar Mateus, quien fue su secretario, lo recordó como uno de los grandes obispos del país: “Vemos este acontecimiento con esperanza y ojos de fe, porque sabemos de su intensa vida de oración y trabajo. Fue un padre cercano, un hombre de Dios”, concluyó.


































































