Cantar a Dios es orar dos veces. Desde la Catedral de la Inmaculada Concepción de Cuenca se mantiene una invitación permanente para sumar nuevas voces a los coros juvenil y de adultos.
En la parte posterior y más alta de la Catedral de Cuenca, cerca de una veintena de jóvenes y adultos de diversas edades animan con su música las diferentes eucaristías. Son los integrantes de los coros que cada semana convierten su voz en oración, para alabar al Señor.
Al momento la Catedral Metropolitana de Cuenca cuenta con dos coros, el de jóvenes y el de adultos. El primero se creó hace un poco más de tres años. Cuenta con doce miembros y está dirigido por el maestro Juan Pablo Morocho. El de adultos nació hace nueve años, por iniciativa del entonces Rector de la Catedral, P. César Santacruz. Paúl Orellana está a cargo de la preparación de este grupo.
La Arquidiócesis de Cuenca quiere que más voces se sumen a este ministerio; por eso mantiene una convocatoria permanente a nuevos miembros. La Hna. Matilde Jinez, Religiosa Sacramentina, es la coordinadora de los coros de la Catedral Metropolitana de la Inmaculada Concepción de Cuenca, quien invita a las personas que se sientan atraídas por el servicio a la Iglesia, para que desde la música y el canto acompañen en las eucaristías.
Quienes se sientan llamados a este servicio, pueden acercarse a la sacristía de la Catedral de la Inmaculada para inscribirse. No tiene costo este proceso. Solo se necesita voluntad. Los repasos se llevan a cabo tres veces por semana, en el seminario San Luis y en la Catedral Antigua de Cuenca.
Para integrar el coro juvenil se necesita tener entre 13 y 24 años. Las personas entre 25 y 60 años, pueden integrar el coro de adultos. La convocatoria es permanente.
La Hna. Matilde manifestó su anhelo de que “tanto jóvenes como adultos se unan a los coros, para con su voz alabar y bendecir al Señor”.
Asimismo, motivó a hombres y mujeres a no desanimarse. Reconoce que al inicio las personas tienen miedo de cantar en público, pero luego, con disciplina y esfuerzo han logrado educar la voz. Los maestros por su parte han logrado acoplar todas las voces según la exigencia de cada tema.
Los integrantes que hoy conforman los coros, no solo donan su voz, también ofrecen su tiempo, su vida y su cariño a la Iglesia. Su voz se vuelve oración en cada Eucaristía.


































































