La Iglesia necesita catequistas capaces de escuchar, acompañar, formar y evangelizar, especialmente a las nuevas generaciones y a las familias. Hoy serán enviados a cumplir una misión de servicio que empieza con su testimonio de vida.
La Arquidiócesis de Cuenca se prepara para celebrar hoy, a las 10:00, en la Catedral Metropolitana de la Inmaculada Concepción, el Envío de los Catequistas, el inicio del año pastoral 2026-2027 y la inauguración del Bienio de Liturgia y Sacramentos. Será un momento de acción de gracias por tantos hombres y mujeres que ofrecen su tiempo y sus dones al servicio de la transmisión de la fe.
Ser catequista es asumir una vocación y una misión eclesial. El catequista es, ante todo, un discípulo de Jesucristo, llamado a acompañar a otros en el camino de la fe. Como recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica: “En el corazón de la catequesis encontramos esencialmente una Persona: la de Jesucristo” (CCE, 426). La catequesis no puede separarse de la Palabra de Dios, la oración, los sacramentos, la vida comunitaria, la caridad y la misión.
Una misión que comienza con el testimonio
El catequista está llamado a ser discípulo. Su propia vida forma parte de su misión. La oración, la participación en la Eucaristía, la escucha de la Palabra, el amor a la Iglesia y el compromiso con la comunidad constituyen un testimonio que acompaña sus palabras. Necesitamos catequistas capaces de escuchar, acompañar, formar y evangelizar, especialmente a las nuevas generaciones y a las familias.
El servicio de un catequista se desarrolla en comunión con la Iglesia, unido al párroco, a la comunidad y a los demás agentes de pastoral. Por eso, el rito de envío expresa públicamente que la Iglesia reconoce y confía una misión concreta a quienes han respondido generosamente a esta llamada.
“Vayan y hagan discípulos”.
El envío de los catequistas recuerda las palabras de Jesús: “Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos” (Mt 28,19). Cada catequesis permite que una persona se encuentre con Cristo.
Ponemos este nuevo año pastoral bajo la protección de la Inmaculada Concepción, Patrona de la Arquidiócesis de Cuenca. María, primera discípula, nos enseña a escuchar la Palabra, acogerla con fe y llevarla a los demás.
A nuestros catequistas, gracias por decir sí a esta misión. Que el Señor fortalezca su servicio y haga de cada uno de ellos un verdadero discípulo misionero, testigo alegre de Jesucristo en nuestras parroquias y comunidades.


































































