Era miércoles 23 de diciembre de 2020. Un cielo despejado abrió paso al sol radiante, como un anuncio de que algo especial iba a suceder. No era para menos, pues desde el cielo nos llegó la bendición del Niño Viajero.
A bordo de un helicóptero, durante varias horas la sagrada imagen sobrevoló el cielo cuencano en manos de Monseñor Bolívar Piedra, Obispo auxiliar de Cuenca.
El Niño Viajero lucía el traje de Granadero de Tarqui, en concordancia con la institución militar que en este año ejercía el padrinazgo
Este sobrevuelo fue el preámbulo del recorrido que se cumplió el jueves 24 por calles y avenidas de la ciudad. Así, de una manera diferente recordamos en Cuenca el nacimiento de Cristo.
La celebración que en años anteriores se festejaba con carros alegóricos, comparsas y coreografías, se vio alterada por la pandemia de la covid-19 y la vigencia de un nuevo estado de excepción en todo el país.
Si bien en este año no pudimos disfrutar de la Gran Pasada del Niño Jesús Viajero, si fue posible que su imagen recorra nuestra ciudad, derramando bendiciones a su paso, primero desde el cielo y después desde las calles, plazas y avenidas.
El recorrido del Niño Viajero estuvo precedido de la misa, celebrada en la Catedral de la Inmaculada Concepción por parte del Arzobispo de Cuenca, Monseñor Marcos Peréz Caicedo.
El papamóvil que en el 2015 acompañó al Papa Francisco en su recorrido por el Ecuador, fue el vehículo que transportó al Niño Jesús Viajero. Monseñor Marcos Pérez, Arzobispo de Cuenca, acompañó la imagen durante todo el recorrido.
Las manifestaciones de fe no se hicieron esperar. A lo largo del recorrido, las personas que ya sabían de la visita del Niño Jesús Viajero, se santiguaban, cantaban, rezaban y oraban, encomendándose a su protección y amparo. Muchas familias aprovecharon la oportunidad para saludar a la imagen, revestidos con trajes alusivos a la tradicional Pasada.


































































