Muchos jóvenes se sienten atraídos por Jesucristo y desean seguir sus pasos. La pastoral vocacional debe responder a sus preguntas y a los deseos de búsqueda. El joven quiere ver en el testimonio de vida de un consagrado el modelo a seguir: Jesucristo. Los jóvenes sienten la necesidad de figuras de referencia cercanas, creíbles, coherentes y honestas. “El hombre moderno escucha con más disposición a los testigos que a los maestros, y si escucha a los maestros, es porque son testigos” (San Pablo VI).
La propuesta vocacional ha de partir del centro: Jesucristo tal como lo presenta el Evangelio. A él debe responder el joven movido por la fe, con mucha libertad y responsabilidad. No se trata de reclutar agentes sociales, sino verdaderos discípulos de Jesús. Es necesario acompañarlos, caminar con ellos, escucharlos y motivarlos. Debemos crear en nuestras parroquias un ambiente de confianza y hacer sentir a los jóvenes que son amados por Dios.
Uno de los medios privilegiados para que el joven pueda escuchar la llamada de Dios es el silencio interior. Necesitan espacios de oración y atención sacramental para escuchar la voz del Buen Pastor. A través de experiencias de voluntariado, donde exista la posibilidad de ayudar a los pobres y necesitados, en la catequesis, las misiones, la pastoral juvenil y familiar, el joven puede descubrir la llamada de Dios a seguirle.
Todos en la Iglesia somos responsables de la promoción vocacional. El obispo, los religiosos y los sacerdotes anunciando la vocación universal a la santidad, dando testimonio de nuestra vocación personal, presentándola con claridad y acompañando a los vocacionados en su proceso de discernimiento. La familia es la base donde se inicia el cultivo de las vocaciones. La Iglesia doméstica es campo privilegiado para la pastoral vocacional; en ella aprendemos a conocer e invocar a Dios, y a ser comedidos y serviciales con los demás.
En nuestras parroquias también existen grupos apostólicos y movimientos de laicos; son un campo fértil donde surgen vocaciones al servicio de Dios y de la Iglesia. Muchos jóvenes sienten el llamado del Señor en el camino de vida cristiana que ofrecen estas agrupaciones. En el seno de las asociaciones laicales y de los movimientos eclesiales han surgido muchas personas bien formadas y evangelizadores eficaces.
La pastoral vocacional no se limita a realizar una serie de actividades, sino que ha de buscar la creación de una cultura vocacional en toda la Iglesia arquidiocesana en la que cada miembro de la Iglesia es responsable y, a la vez, consciente de su vocación y de la de los demás. Hay que evitar la idea de que la pastoral vocacional es responsabilidad solamente de un encargado o de un grupo al que se le confía la animación de esta dimensión. La pastoral vocacional es tarea de toda la Iglesia; por ello debe haber una especial sensibilidad y espiritualidad vocacional que impregne a toda la comunidad eclesial (Cf. Ratio Fundamentalis, Ecuador, n. 115).
Siguiendo los lineamientos de la Iglesia, la pastoral juvenil y vocacional de Cuenca busca fortalecer los procesos de acompañamiento a los jóvenes para que tengan un encuentro íntimo con el Señor y sean los nuevos protagonistas en la Iglesia, que anuncia el Evangelio de la misericordia, de la justicia y de la paz.


















































