En la audiencia concedida por el Papa León XIV al grupo de obispos ecuatorianos que participamos en la canonización de Santa María Troncatti, el 19 de octubre del año anterior, nos recordó algunos aspectos de la vida eclesial y social que no debemos olvidar en nuestro ministerio pastoral.
Al hablar de la formación sacerdotal, manifestó la necesidad de buscar una sólida instrucción en las dimensiones espiritual, pastoral, humana, comunitaria e intelectual. Esto se garantiza estableciendo equipos de formadores y profesores preparados para esta misión. La formación de los formadores debe ser una de las prioridades del obispo.
Señaló la importancia de la piedad popular en la evangelización. Como buen conocedor de esta característica de la Iglesia latinoamericana, nos animó a verla como una gran oportunidad para anunciar la Buena Noticia al pueblo, valorando las devociones eucarísticas, marianas y de los santos. Le llamó mucho la atención el regalo de una hermosa talla del Niño Jesús, que le hicimos desde nuestra Arquidiócesis de Cuenca.
Recalcó la importancia de preparar a los laicos para que asuman su misión en el mundo social, cultural, familiar y político. Al respecto, nos recordó que nuestra tarea, como pastores, no es reemplazarlos y pretender ser la voz cantante en temas políticos. El sacerdote no puede imponer determinadas líneas ideológicas, pero sí debe presentar a los laicos las enseñanzas de la doctrina social de la Iglesia, para que adquieran los criterios necesarios y puedan asumir su responsabilidad en la transformación de la sociedad. Utilizar los espacios sagrados para propagar criterios personales es abuso de poder.
En un mundo lleno de confusiones, es necesario recalcar que los eclesiásticos no pueden pertenecer a ningún partido político ni hacer propaganda a favor o en contra de ninguno de ellos. Así nos lo recuerda el Modus Vivendi: La Santa Sede renueva sus órdenes precisas al clero ecuatoriano a fin de que se mantenga fuera de los partidos y sea extraño a sus competiciones políticas (art. 4).
El sacerdote y el religioso, por su misión pastoral en bien de todos, no pueden banderizarse por ningún partido político. Quienes tienen que predicar la doctrina cristiana no pueden imponer sus opiniones sobre lo que es relativo y discutible, como son los ideales políticos; no pueden mezclar las opiniones humanas con la doctrina revelada, ni dar lugar a esas confusiones. Mucho menos, el eclesiástico no puede abusar de su autoridad moral para influir en cuestiones políticas, ya que ello sería un atropello a la libertad de conciencia de los ciudadanos. No olvidemos que el Concilio Vaticano II ha puesto de relieve que corresponde a los seglares la edificación de las estructuras temporales.
La abstención de toda actividad de política partidista deja a los sacerdotes y religiosos en plena libertad de cumplir su misión: la de predicar el Evangelio. Proclamando la doctrina cristiana, se iluminan múltiples aspectos de la vida y de la sociedad que también son objeto de la política. La misión del pastor está enfocada en anunciar el Reino de Dios, formar la conciencia de los laicos y servir al bien común, pero sin identificarse con partidos o ideologías. Se le pide promover la justicia, la paz y la dignidad humana, especialmente de los pobres.


















































