El domingo 19 de octubre la Iglesia vivió la gran fiesta de la santidad latinoamericana, por la canonización de la madre María Troncatti, misionera en la Amazonia ecuatoriana, artesana de paz y reconciliación; el doctor José Gregorio Hernández, laico venezolano, conocido como el médico de los pobres; y la madre Carmen Rendiles, también venezolana, mujer valiente y fundadora de las Siervas de Jesús.
De ellos dijo el Papa León XIV en la homilía de canonización: “Hoy están ante nosotros estos testigos, los nuevos santos, que con la gracia de Dios han mantenido encendida la lámpara de la fe, más aún, han sido ellos mismos lámparas capaces de difundir la luz de Cristo.
Jesucristo es el humilde que llama a los prepotentes a la conversión, el justo que nos hace justos, como lo atestiguan los nuevos santos de hoy. No son héroes, o paladines de un ideal cualquiera, sino hombres y mujeres auténticos. Estos fieles amigos de Cristo son mártires por su fe, son evangelizadores y misioneros, son carismáticas fundadoras, son bienhechores de la humanidad con sus corazones encendidos de devoción. Que su intercesión nos asista en las pruebas y su ejemplo nos inspire en la común vocación a la santidad. Mientras peregrinamos hacia esa meta, no nos cansemos de orar, cimentados en lo que hemos aprendido y creemos firmemente. De ese modo, la fe en la tierra sostiene la esperanza en el cielo”.
Los santos son un regalo de Dios para su pueblo, el signo visible de la misericordia divina que siempre escucha a los pobres y necesitados; son nuestros amigos e intercesores, a los que debemos invocar e imitar para llegar a Jesús. De santa María Troncatti, muy cercana a nosotros porque trabajó y murió en las misiones del Vicariato Apostólico de Méndez, provincia de Morona Santiago, como enfermera y misionera caritativa, podemos decir que “encarnó y vivió principios que pueden ayudarnos a seguir adelante, para preparar el futuro que necesitamos: el principio de la dignidad de la persona, del bien común, de la opción preferencial por los pobres, del destino universal de los bienes, de la solidaridad, del cuidado de la casa común. Principios que expresan, de diferentes maneras, las virtudes de la fe, la esperanza y el amor. Nuestra santa se presenta ante nuestros ojos como una mujer dotada de gran simpatía humana, de sentido común y de una sorprendente elasticidad interior no exenta de energía, que le permite adaptarse a la múltiple variedad de situaciones a las que debe hacer frente. Todo esto está unido a una vida de piedad sincera y totalmente natural” (P. Pierluigi Cameroni, SDB, Postulador de la Causa de Canonización).
San José Gregorio Hernández y santa Carmen Rendiles son los primeros santos venezolanos, luz y esperanza para un pueblo que sufre opresión y falta de libertad. En ellos Jesucristo le dice al pueblo venezolano que es posible hoy vivir las virtudes heroicas, que es posible amar a Dios, servir al prójimo, viviendo el Evangelio de la paz y la unidad fraterna. José Gregorio, con su personalidad multifacética, es un gran ejemplo de compromiso cristiano para los laicos, académicos, científicos, hombres y mujeres de fe que recorren las calles del mundo, llevando la pericia médica y el bálsamo del consuelo a sus hermanos.


















































