Cada 24 de diciembre celebramos en Cuenca un acontecimiento especial, lleno de profunda fe: el Pase del Niño, que manifiesta toda la esperanza del pueblo peregrino que se toma las calles para decirle al mundo que Jesucristo es el único Camino, la Verdad y la Vida. La piedad popular que se expresa en el Pase del Niño Jesús es una fuerza evangelizadora vital, una forma auténtica de expresar la fe encarnada en la cultura azuaya, que revela la presencia de Dios en la historia y une a la comunidad a través de ritos, símbolos y gestos, cánticos y colores. Este es un lugar teológico donde el Espíritu Santo actúa, pero que debe cuidarse para que no sea solo un acto externo y ritualista sin profundidad en Cristo.
La fe no es un hecho privado: implica un compromiso y un testimonio hacia todos, para el crecimiento humano y el cuidado de la creación, como signo de la caridad. En el Pase del Niño participan familias, consagrados, grupos, empresas, instituciones seculares y civiles, para trabajar juntos por un crecimiento humano integral y la custodia de nuestros principios e identidad.
Desde el año 2000, el Dr. Arturo Cuesta, de manera poética denominó al Pase del Niño Viajero como el Quinto Río de Cuenca (cf. Revista Avance n°368, pag15), que tiene características propias, porque es un río de fe, unidad, paz, amor y justicia:
Río de fe. Es una adhesión personal y libre a Dios, un encuentro que expande la vida y nos llama a la acción; implica un vínculo personal con Jesús que nos empuja a amar, esperar y evangelizar con alegría, viviendo un testimonio coherente que transforma nuestras vidas. Su gran protagonista es el Señor. Es la fiesta de Jesús con su pueblo.
Río de unidad. La unidad es un don que se construye a través de la oración, la escucha, el perdón, la humildad, poniendo a Dios en el centro y hacer que el mundo crea. El Pase del Niño es comunión fraterna entre personas diversas, un proceso de armonía, misión y reconciliación que requiere superar divisiones y agresiones.
Río de paz. Decía el Papa Francisco, que la paz es una tarea artesanal que comienza en cada persona y se construye a través del diálogo, la escucha, el perdón y el respeto, promoviendo la esperanza y la reconciliación, con acciones concretas de amor y servicio. Uno de los mayores problemas que hoy tenemos en nuestro país es la violencia, sobre todo la violencia política. ¿Cómo hablar de paz y seguridad donde quienes deben darnos el ejemplo de comunión son los primeros en escandalizarnos?
Rio de amor y fraternidad. El amor es una acción concreta, una relación que se construye en la familia y se funda en Dios. El Pase es un encuentro con el Niño Jesús, que genera fraternidad, un amor que se da, se entrega y busca el bien del otro. La fuerza del Quinto Río todo lo transforma porque solo Dios hace nuevas todas las cosas.
Río de justicia. Con la ayuda de Dios, queremos tratar a todos con dignidad y respeto. La justicia es fundamental para la paz y el bien común, pero debe ir acompañada de misericordia y caridad.
Estas características nos ayudan a entender por qué el Pase del Niño Viajero es único e incomparable: quien invita, organiza, guía y anima al pueblo es el mismo Dios.
Gracias, querido pueblo cuencano, por darle al Ecuador y al mundo el más bello testimonio de fe y unidad en cada Navidad, sintiéndonos hijos de Dios y hermanos entre todos.


















































