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Mensaje Pastoral de Monseñor Marcos Pérez, Arzobispo de Cuenca

El verdadero templo cristiano es el Cuerpo de Cristo.

El verdadero templo cristiano es el Cuerpo de Cristo.

Los trabajos de restauración integral de la Catedral de la Inmaculada Concepción, emblema arquitectónico de Cuenca y testimonio palpable de la fe de nuestro pueblo creyente, comenzó hace algunos meses y se prolongarán en buena parte del 2026. Es tan grande y hermoso el edificio: sus columnas marmoleadas, las cúpulas, los vitrales, las torres, el baldaquino y los altares, entre otros, que debemos intervenir con paciencia, especial cuidado, conocimiento de las técnicas utilizadas y una profunda fe. Mientras los profesionales trabajan, acompañemos con la oración y el apoyo económico para que nuestra obra magna siga siendo orgullo, patrimonio y testigo de nuestro encuentro diario con Jesucristo, templo de Dios vivo.
El verdadero templo cristiano es el Cuerpo de Cristo, en quien Dios sale al encuentro del hombre y el hombre se encuentra con Dios. Este Cuerpo de Cristo tiene su realidad en el ahora de la Iglesia; los cristianos somos las «piedras vivas». La casa de Dios es la comunidad de los que hemos aceptado a Cristo. El templo material es la casa de la Casa de Dios.
Antes que la preocupación por las construcciones materiales, debemos dar prioridad a la construcción de la Iglesia viva, es decir, a la evangelización del Pueblo de Dios. La necesidad de realizar la liturgia, como celebración de la fe, traerá como consecuencia inmediata la necesidad del templo, el lugar del encuentro. El edificio religioso existe porque hay una comunidad de fieles que tiene necesidad de reunirse.
En consecuencia, la función de un templo cristino consiste, primeramente, en proporcionar un ámbito a la Iglesia viva, en el que sea posible realizar, de un modo apto, las celebraciones sagradas. Un programa general para construir un templo, en relación con la aptitud de la Iglesia, nos lo da la Constitución Sacrosanctum Concilium, 124: “Al edificar los templos, procúrese con diligencia que sean aptos para la celebración de las acciones litúrgicas y para conseguir la participación activa de los fieles”.

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