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Mensaje Pastoral de Monseñor Marcos Pérez, Arzobispo de Cuenca

MISERICORDIA Y LIBERTAD

MISERICORDIA Y LIBERTAD

Desde la concepción bíblica, Dios se hace misericordia para liberarnos. Por ser misericordia, ninguna opresión humana le es indiferente; y, por eso, dice a Israel, su pueblo: "He bajado para liberarle de la mano de los egipcios" (Ex 3,8). Esta misma convicción la encontramos en el Nuevo Testamento: "El salvará al pueblo de sus pecados" (Mt 1,21).

La liberación, entonces, brota de un corazón compasivo, como el de Dios, y jamás de uno que se ha endurecido, como el del Faraón, cuyo corazón se endureció (Cfr. Ex 7,13.22; 8,15). El corazón endurecido sólo piensa en sacar ventajas personales de las miserias humanas y en mantener la opresión a cualquier precio.

Si la liberación nace del corazón compasivo de Dios, los liberados también tienen que actuar de la misma manera. Por este motivo, Yahveh recuerda constantemente al pueblo: "No maltratarás al forastero, ni le oprimirás, pues forasteros fueron ustedes en el país de Egipto. No vejarás a viuda ni a huérfano. Si le vejas y clama a mí, no dejaré de oír su clamor... Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás al ponerse el sol, porque con él se abriga; es el vestido de su cuerpo. ¿Sobre qué va a dormir, si no? Clamará a mí, y yo le oiré, porque soy compasivo" (Ex 22, 20-26). Si hay junto a ti algún pobre de entre tus hermanos... no endurecerás tu corazón ni cerrarás tu mano a tu hermano pobre, sino que le abrirás tu mano y le prestarás lo que necesite para remediar su indigencia" (Dt 15, 7-8). "Si tu hermano hebreo, hombre o mujer, se vende a ti, te servirá durante seis años, y al séptimo le dejarás libre... Recordarás que tú fuiste esclavo en el país de Egipto y que Yahveh tu Dios te rescató. No se te haga demasiado duro el dejarle en libertad..." (Dt 15, 12-18).

Muchas veces, tenemos miedo a la libertad. Nos consideramos más poderosos cuando oprimimos, dominamos o somos autoritarios. Pero esta actitud muestra la falta de autoridad moral. Jesús desenmascaró esta hipocresía cuando dijo: "Los reyes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los que ejercen el poder sobre ellas se hacen llamar bienhechores; nada de eso entre ustedes..." (Lc 22, 25-26).

La libertad, por su parte, no sólo atraviesa las grandes estructuras políticas y económicas, sino que está presente también en las relaciones familiares, sociales y eclesiales cotidianas.

Pero ¿cómo afrontar este mundo donde hay tanta opresión y violencia, secuestros y asesinatos? Comencemos por sembrar misericordia en nuestra casa, en nuestro barrio y en nuestro trabajo y la anhelada libertad comenzará a surgir en cada uno de nosotros.



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