Las noticias sobre la violencia en los centros educativos, que con frecuencia difunden los diferentes medios de comunicación, nos preocupan cada vez más. Niños y adolescentes son víctimas de la drogadicción, las bandas criminales, el acoso y la violencia en todas sus manifestaciones. Lugares que en otro tiempo eran espacios seguros para la educación, la cultura y la formación en valores, hoy funcionan en un ambiente de constante temor e inseguridad. Y esta situación debe ser motivo de preocupación para todos.
Ante esta realidad, la Iglesia no puede permanecer indiferente, pues, su misión de anunciar el Evangelio la impulsa a ser protagonista de un cambio positivo en la familia y en la sociedad. Creemos que la educación es una de las formas más efectivas de humanizar el mundo y la historia. La educación es ante todo una cuestión de amor y responsabilidad que se transmite en el tiempo de generación en generación (Papa Francisco).
Las escuelas católicas están llamadas a ser espacios donde se aprenda a amar, a perdonar, a orar y a trabajar por la paz, de manera que las bienaventuranzas de Jesús se hagan realidad (Mt 5,1-11). Ellas constituyen la esperanza para los que atraviesan tribulaciones, alegría para los que sufren, consuelo para los perseguidos por causa de la justicia. Bienaventuranza para los limpios de corazón y para aquellos que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios (Mt 5,9). De esta manera, la paz en las escuelas se manifiesta en una vida plena, caracterizada por el orden, el amor, la alegría, la justicia, la tranquilidad, el derecho, la amistad, la comprensión y la fe en Jesús. La paz es la síntesis de todos los bienes.
El logro de una cultura de paz es obra de la educación: la educación es la mejor arma para la paz. El gran desafío de la educación es crear relaciones interpersonales fraternas y comportamientos adecuados entre los miembros de la comunidad educativa. No siempre la sanción es la mejor vía para resolver los conflictos. Todo esto requiere de principios, una espiritualidad y una estructura en que se fomente la participación, el desarrollo de la generosidad, el servicio a los demás, el respeto a la dignidad de las personas y una actitud de escucha y diálogo. Estas actitudes deben desarrollarse en el aula, en el patio y en la familia. El respeto y la consideración en la convivencia son fundamentales para promover una cultura de paz. Y se promueve y se asegura la paz cuando se educa para ser persona cuya vocación es compartir la vida con otras personas, todos con igual dignidad. La persona siempre tiene vocación de comunidad o sociedad (Cf. Principios para la educación católica en Ecuador, CEE. 2025).
Es bueno recordar siempre el consejo que nos trae el libro de Tobías, pues el principio fundamental para convivir con los demás en un clima de fraternidad es no hagas a nadie, lo que no quieras que te hagan (Tob 4,15). Además, el Catecismo de nuestra Iglesia pone a nuestro alcance esta es la regla de oro para vivir en sociedad. La paz es obra de la justicia y efecto de la caridad (Catecismo de la Iglesia Católica, 2304).


















































