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Mensaje Pastoral de Monseñor Marcos Pérez, Arzobispo de Cuenca

TIEMPO DE ESPERA

TIEMPO DE ESPERA

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Así como sucedió en tiempos de Noé, así también sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Antes del diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca. Y cuando menos lo esperaban, sobrevino el diluvio y se llevó a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Entonces, de dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro será dejado; de dos mujeres que estén juntas moliendo trigo, una será tomada y la otra dejada.
Velen, pues, y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor. Tengan por cierto que si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. También ustedes estén preparados, porque a la hora que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre”. (Mt. 24, 37-44)
El Adviento es, por excelencia, el tiempo espiritual de la esperanza. Todo el pueblo de Dios se pone de nuevo en camino atraído por este misterio: nuestro Dios es "el Dios que viene" y nos invita a salir a su encuentro. ¿De qué modo? Ante todo, por medio de la oración. Con nuestras plegarias, novenas y cantos le decimos: “Señor, ven de prisa, esperamos tu venida que ilumina y fortalece”. Solo tu presencia liberadora puede destruir las cadenas de tantos pecados e injusticias que nos oprimen. Nuestra oración se une así al grito de los justos de todos los tiempos, de todos los que quieren resistir al mal, a las seducciones de un bienestar inicuo, de placeres que ofenden la dignidad humana y la condición de los pobres.
Esperamos al Señor, no como una hermosa decoración navideña para un mundo lleno de cosas superfluas, sino como único camino de liberación de un peligro mortal. Esperar al Señor, estar en vela, tal como lo dice el Evangelio de este domingo, no es buscar continuas señales de su venida, sino comportarse y trabajar en todo momento cristianamente, evitando excesos y vanidades. Esperar al Señor es preparar en familia un ambiente de unidad, respeto y solidaridad, donde podamos acoger al hermano necesitado de nuestro afecto, al incomprendido y marginado. Con María, nuestra Madre, entremos con alegría en este tiempo de gracia que Dios nos regala. Con su ayuda materna preparemos una morada digna al Señor que viene a salvarnos. Que ella sea la compañera de camino y modelo de fe para nuestro pueblo católico cuencano, que siempre se ha caracterizado por una tierna devoción al Niño Jesús.

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