En el Encuentro Mundial de las Familias 2018, Estefanía y Jordan, pareja de recién casados, le preguntaron al Papa Francisco: ¿Cómo pueden los padres trasmitir la fe a los hijos? El Pontífice les recordó que en las parroquias existe ordinariamente un programa de catequesis para educar en la fe, pero que el primero y más importante lugar para trasmitir la fe es el hogar, a través del ejemplo sereno y cotidiano de los padres que aman al Señor y confían en Él.
El Santo Padre no duda en señalar que, en la familia, “Iglesia doméstica”, los hijos aprenden el significado de la fidelidad, la honestidad y el sacrificio. Aquí ven como los padres aman a Dios y a la Iglesia. Así los hijos pueden respirar el aire fresco del Evangelio y aprender a comprender, juzgar y actuar de modo coherente con la fe que han heredado. La fe se trasmite alrededor de la mesa doméstica, en la conversación ordinaria, a través del lenguaje que solo el amor perseverante sabe hablar.
Al iniciar en muchas parroquias nuestra catequesis de preparación a los sacramentos de la Primera Comunión y Confirmación, conviene tener presente los dos lugares donde se realiza la catequesis: la parroquia y la familia. Las enseñanzas del Papa nos recuerdan la importancia de organizar bien la catequesis parroquial, con el párroco encabezando la preparación de los catequistas, involucrado totalmente en el anuncio del Evangelio a los más pequeños y a sus padres, como su primera responsabilidad. Una catequesis que cuenta con textos aprobados por el obispo y que desarrollan las clases en forma pedagógica, con fidelidad a las enseñanzas de Jesús. Todo en la catequesis debe llevarlos al encuentro con el Señor y a fortalecer su pertenencia a la Iglesia, como la gran familia de los hijos de Dios, en la que deben crecer en la fe y en el verdadero amor.
Pero luego recalca el Pontífice la importancia de la formación en la fe que no puede faltar en un hogar católico. La oración en familia, el diálogo, la invocación a María, la celebración de las fiestas cristianas y la práctica de la solidaridad con los que sufren. “Los hijos aprenderán a compartir los bienes de la tierra con los demás, si ven que sus padres se preocupan del más pobre”. Así los padres serán para sus hijos los primeros maestros en la fe.
Los padres de familia no pueden creer que con matricular a sus hijos en la catequesis parroquial ya están cumpliendo con toda su responsabilidad. Esa es una parte del compromiso, pero la tarea más importante sigue siendo la que realizan ellos en el hogar. Nada puede reemplazar el buen testimonio de papá y mamá, las oraciones que se aprenden de labios de los abuelos, el ejemplo de nuestros mayores y el lenguaje de la ternura que solo se aprende en el terruño familiar.
Desde nuestras parroquias, bridemos una catequesis sólida a las familias, que sea verdadero apoyo y orientación para que los padres eduquen a sus hijos en la capacidad de amar a Dios y al prójimo. Así renovaremos la familia, la Iglesia y la sociedad.


















































