La Congregación para la Educación Católica, ha publicado el documento titulado “Varón y mujer los creó”, sobre la ideología de género en la educación. Según esta ideología, el hombre y la mujer eligen su sexo y lo podrían cambiar, cuantas veces lo estimen oportuno, porque las diferencias entre ambos se deben fundamentalmente a determinaciones sociales.
Estamos ante una emergencia educativa en lo concerniente a temas de afectividad y sexualidad. Es una verdadera desorientación antropológica que lleva a la destrucción de la familia. Quienes promueven esta ideología impulsan proyectos educativos y leyes donde se habla de una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer: el matrimonio igualitario, por ejemplo.
Ante esta realidad, la Iglesia nos ofrece estas reflexiones, destinadas a aquellos que están comprometidos con la educación: profesores, catequistas, formadores. Es un tema que debemos estudiarlo todos, de manera especial los padres de familia, para saber orientar a los hijos con criterios objetivos, usando argumentos no solo de fe, sino también científicos y jurídicos.
El documento utiliza un método muy recomendado por el Papa Francisco, basado en tres actitudes: escuchar, razonar y proponer. Escuchar las necesidades del otro, como lo hizo Jesús, y comprender las diferentes situaciones dolorosas que viven los seres humanos, para compartir elementos racionales y prepararse para una educación cristiana arraigada en la fe que todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino sobre la entera vocación del hombre. Un cristiano debe dar razón de su fe y explicar con claridad por qué no está de acuerdo con imposiciones que van contra la moral y la ciencia. La propuesta que se nos hace es muy práctica: formar bien a nuestros niños y jóvenes, formar con buenos criterios a los formadores, fortalecer a la familia como el lugar natural donde la relación de reciprocidad y comunión entre el hombre y la mujer encuentra su plena realización.
Afirma que en la familia se fundan dos derechos fundamentales que siempre deben ser defendidos y garantizados: el derecho a ser reconocida como el principal espacio pedagógico primario para la formación del niño; y el derecho del niño a crecer en una familia, con un padre y una madre. No podemos dejar sola a la familia frente a los problemas y ataques que buscan destruirla. Quienes nos sentimos parte de la Iglesia y de la sociedad, tenemos que ofrecer apoyo a las familias y a los jóvenes en comunidades abiertas y acogedoras, capaces de escuchar, de entablar diálogos racionales y proponer soluciones objetivas. Debemos proponer una verdadera ecología humana, porque también el hombre posee una naturaleza que debemos respetar y no podemos manipular a nuestro antojo.
Es necesario aplicar estas orientaciones a nuestra realidad ecuatoriana, de manera especial en estos momentos que la Corte Constitucional ha dado paso al llamado matrimonio igualitario. En junio, mes dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, no dejemos de orar con mayor fervor por nuestras familias, pidiendo al Señor nos dé las luces necesarias para saber responder con el buen testimonio, con una fe verdadera y con argumentos sólidos y razonados a la arremetida de una colonización ideológica que crea tanta confusión en nuestro pueblo, tal como lo afirma el Papa Francisco.


















































