“¡Muchos hermanos y hermanas en la fe sufren la injusticia, la violencia, y son odiados a causa de Jesús! Los mártires de hoy son más numerosos que los de los primeros siglos. Cuando leemos la historia de los primeros siglos, leemos mucho sobre la crueldad contra los cristianos. Les digo: esta crueldad existe hoy, y en mayor número, contra los cristianos” (Papa Francisco).
A la luz de la vida y martirio del Padre Emilio Moscoso Cárdenas, sacerdote cuencano, Mártir de la Eucaristía, nos preguntamos: ¿Qué significa ser cristiano hoy? ¿Qué es lo que caracteriza al discípulo de Jesús?
No nos hace buenos cristianos solo el hecho de pertenecer a la Iglesia, el conocimiento de una doctrina, el cumplimiento de normas morales, el culto litúrgico, la buena relación con la jerarquía, la veneración a un libro sagrado, la devoción a los santos, las tradiciones religiosas. Estas realidades son parte de nuestra vida cristiana, pero falta lo más importante. Lo que define al verdadero discípulo, al buen cristiano, es la opción responsable y definitiva por Cristo y su Evangelio. Lo esencial de cristianismo es la persona de Jesús. Él es el centro de la revelación, de la liturgia y de toda la vida cristiana. Ser cristiano es aceptar a Jesús como Dios hecho hombre, único Dios verdadero. Camino, verdad y vida.
Entonces, ¿qué significa seguir a Jesús, como lo hicieron el Padre Emilio Moscoso y tantos otros mártires, confesores de la fe, consagrados, sacerdotes y laicos? Significa tener los mismos sentimientos y actitudes de Cristo en nuestra vida y conducta. Es ver y valorar la vida a la luz de la fe y no bajo los criterios del consumismo, del utilitarismo, de las ideologías de moda. El discípulo de Jesús es aquel que tiene estabilidad de ánimo, vence la mezquindad, la desesperación, es alegre y busca la paz, supera la tristeza y el mal humor. Perdona y no discrimina, no se deja dominar por el resentimiento, es servicial y sabe compartir. Reconoce que está llamado a servir con humildad como Jesús.
El discípulo es aquel que ha experimentado la misericordia de Dios, es el hombre que se deja amar y perdonar por Dios. Por eso es también capaz de perdonar a su hermano, dejando a un lado egoísmos y envidias. El P. Emilio Moscoso, en medio de la persecución y el odio de los enemigos de la fe, murió en paz porque vivió en paz, sirviendo a todos, especialmente a los niños y jóvenes, a quienes educó con amor y paciencia.
Con Dios todo es posible, por eso nos ponemos en sus manos paternales y le pedimos, por intercesión del Beato Emilio Moscoso, poder entregar nuestra vida con generosidad por la paz, la unidad y el progreso de nuestro país.
Desde ahora, preparémonos y animemos a nuestras comunidades para participar, unidos a la Iglesia universal, en la ceremonia de beatificación, el sábado 16 de noviembre en Riobamba. Aprovechemos los espacios formativos, catequéticos y litúrgicos para dar a conocer la vida del nuevo Beato, que desde el cielo nos acompaña e intercede por nosotros.


















































