La Navidad cuencana tiene a un pequeño protagonista, que se convierte en el centro de todas las miradas y homenajes; no existe Navidad sin Jesús, llamado por nuestro pueblo católico Niño Viajero. El Pase del Niño, compuesto de danzantes, carrozas, música y color, es la gran fiesta de nuestra ciudad que congrega a miles de devotos y turistas, todos quieren ver al Niño y recibir su bendición.
En esta ocasión, debido a la emergencia sanitaria, no podremos vivir esta experiencia de la forma acostumbrada, hay normas de bioseguridad que debemos cumplir, la pandemia de COVID 19 sigue presente y debemos cuidarnos y cuidar la salud de los demás. Miles de personas se han contagiado, muchas perdieron la vida, otros el empleo, los niños y jóvenes no han podido retomar sus estudios presenciales, familias enteras carecen de alimentos. Ante esta realidad la solidaridad debe manifestarse, no podemos dejarnos dominar por la desesperación ni la indiferencia. “Una palabra clave de la que no debemos tener miedo es solidaridad, o sea, saber poner a disposición de Dios lo que tenemos, nuestras humildes capacidades, porque sólo compartiendo, sólo en el don, nuestra vida será fecunda, dará fruto. Solidaridad: ¡una palabra malmirada por el espíritu mundano!” (Papa Francisco).
En estos difíciles momentos, Jesús no abandona a su pueblo, está junto a los que sufren, no es indiferente ante los que buscan el pan de cada día y el Pan de la Eucaristía. Debemos vivir nuestra Navidad en el seno familiar, también buscando a Jesús en el rostro de los niños, ancianos y familias que viven en la calle. En ellos está el Señor, todos los días pasa a nuestro lado, y no solo en diciembre. Un conocido villancico nos recuerda esta gran verdad: “Lo esperaban como rico y habitó entre la pobreza. Lo esperaban poderoso y un pesebre fue su hogar. Lo esperaban rey de reyes y servir fue su reinar… A Belén se va y se viene por caminos de alegría y Dios nace en cada hombre que se entrega a los demás” (José Antonio olivar, Navidad sin pandereta).
Esta es la misión del Niño Jesús: viajar para encontrarse con nosotros y decirnos que Dios nos ama y quiere que nos amemos como hermanos. Llegará este año a bendecir nuestras familias, en el humilde regazo de María, porque su corazón es el mejor altar. Llegará en brazos de José para recordarnos que los hijos necesitan la presencia de un padre amoroso y trabajador, que custodie a la familia como lo hizo el carpintero de Nazaret. Llegará a nuestra ciudad, que celebra su Bicentenario de Independencia, para enseñarnos que la verdadera libertad la conquistan todos los días los que luchan por vencer la esclavitud del pecado y trabajan para vivir la cultura de la fraternidad.
La misión de Jesús es también la nuestra, por eso la Navidad cuencana comienza con la Eucaristía de bendición de las familias y los alimentos. La familia es la más atacada por diferentes frentes: leyes anti vida y familia, políticas educativas adversas, restricciones a la libertad, falta de trabajo y alimentos, etc. En la familia se transmite la vida, la alegría, la fe y el espíritu de servicio, de aquí surgen hombres y mujeres capaces de entregar su vida en múltiples tareas eclesiales y sociales.


















































