“Cada ciudadano puede aportar su propia piedra para la construcción de la casa común. La auténtica vida política, fundada en el derecho y en un diálogo leal entre los protagonistas, se renueva con la convicción de que cada mujer, cada hombre y cada generación encierran en sí mismos una promesa que puede liberar nuevas energías relacionales, intelectuales, culturales y espirituales. Hoy más que nunca, nuestras sociedades necesitan “artesanos de la paz” que puedan ser auténticos mensajeros y testigos de Dios Padre que quiere el bien y la felicidad de la familia humana” (Papa Francisco).
El Mensaje por la Jornada Mundial de la Paz es un llamado a cada cristiano para que asuma su compromiso en la sociedad. El primer deber que todos tenemos es vivir con coherencia nuestra fe. Nuestra misión es anunciar el Evangelio con el testimonio de cada día. Así descubriremos que el Señor quiere que cooperemos activamente para instaurar la civilización del amor. La Iglesia continuamente nos invita al compromiso de redescubrir el contenido de nuestra fe, para celebrarla y vivirla con alegría y entrega generosa.
Nuestros compromisos culturales, políticos o sociales, tienen que nacer de una fe viva, capaz de ofrecer una esperanza cierta y un amor transformador de las realidades que vivimos. La preparación para nuestra acción en el mundo es, sin duda necesaria, pero el impulso para esa acción habrá de nacer de la fe, como respuesta de amor al amor que Dios nos tiene.
Como discípulos de Jesús, estamos llamados a ser mensajeros de paz en nuestra sociedad. Dice el Papa Francisco que la paz es una conversión del corazón y del alma, y que es fácil reconocer, tres dimensiones inseparables de esta paz interior y comunitaria:
– la paz con nosotros mismos, rechazando la intransigencia, la ira, la impaciencia y teniendo “un poco de dulzura consigo mismo”, para ofrecer “un poco de dulzura a los demás”;
– la paz con el otro: el familiar, el amigo, el extranjero, el pobre, el que sufre; atreviéndose al encuentro y escuchando el mensaje que lleva consigo;
– la paz con la creación, redescubriendo la grandeza del don de Dios y la parte de responsabilidad que corresponde a cada uno de nosotros, como habitantes del mundo, ciudadanos y artífices del futuro.
En una sociedad donde se exalta la muerte y se imponen leyes para legalizar la destrucción de los más débiles, en un mundo violento, inundado de armas, con políticos pro aborto, enemigos de la familia y de la naturaleza, en una sociedad en la que la vida a menudo parece algo “barato” o desechable, como nos lo recuerda el Santo Padre, debemos asumir nuestro compromiso cristiano siendo buenos ciudadanos y eligiendo correctamente a quienes deben gobernarnos.
El mal no tiene la última palabra, porque el amor de Dios, manifestado en Cristo, es más fuerte que la muerte. Los tiempos actuales son difíciles, pero no olvidemos que el Señor camina con su pueblo. El Buen Pastor nunca nos dejará solos.


















































