En este tiempo de Navidad, extrañamos el Pase del Niño, las comparsas y fiestas populares, que congregaban a miles de personas para celebrar con especial alegría el nacimiento de nuestro Salvador. En esta Navidad atípica, algunos han pensado, como en Semana Santa: “¡Qué pena! Jesús no sale a nuestras calles. No salió en las grandes procesiones penitenciales ni ha salido en diciembre” ¿Será que el Señor se alejó para siempre?
Jesús nunca nos abandona. Está con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Necesitamos ojos de fe para descubrirlo vivo y presente, no solo en una bella imagen construida por hábiles y piadosos artesanos, sino también en el rostro de todo hermano que se cruza en la calle de nuestra vida. Sin solidaridad no hay Navidad.
Que importante es vivir la solidaridad porque es el mejor camino para salir de la pandemia del COVID-19. Así lo destaca constantemente el Papa Francisco: “De una crisis no se sale igual que antes. La pandemia es una crisis. De una crisis se sale o mejores o peores. Tenemos que elegir nosotros. Y la solidaridad es precisamente un camino para salir de la crisis mejores, no con cambios superficiales”.
Nos recuerda que la pandemia actual ha puesto de relieve nuestra interdependencia: todos estamos vinculados, los unos con los otros, en la misma barca, tanto en el bien como en el mal. Por eso, para salir mejores de esta crisis, debemos hacerlo juntos. Cuando olvidamos que somos una familia, nuestra interdependencia se convierte en dependencia, se debilita el tejido social y se deteriora el ambiente.
“La palabra solidaridad está un poco desgastada y a veces se la interpreta mal, pero es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad que podemos hacer en Navidad. ¡Es más! Supone crear una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos” (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 188). Solidaridad no es solo cuestión de ayudar a los otros: se trata de justicia (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, 1938-1940).
La solidaridad hoy es el camino para recorrer hacia un mundo post-pandemia, hacia la sanación de nuestras enfermedades interpersonales y sociales. En medio de la crisis, una solidaridad guiada por la fe nos permite traducir el amor de Dios en apoyo al hermano, al que pasa por la calle todos los días, no solo en Navidad, que se siente solo y desesperado por falta de trabajo y de pan. Se repite en nuestros días el rechazo que vivió la Sagrada Familia en Belén.
En medio de crisis y tempestades, el Señor nos interpela y nos invita a despertar y activar la solidaridad capaz de dar solidez, apoyo y un sentido cristiano a estas horas en las que todo parece naufragar. Que la creatividad del Espíritu Santo pueda animarnos a generar nuevas formas de hospitalidad familiar, de fraternidad fecunda y de solidaridad universal (cf. Papa Francisco, catequesis 02.09.2020).
Dios está con nosotros, esta es la buena noticia, que debemos acoger con sencillez. No estamos solos, el Niño de Belén en brazos de María es la gran señal del auténtico amor de Dios que se entrega por nosotros y por nuestra salvación. Entrega de Dios que espera solidaridad entre los hermanos como único regalo.
Feliz Navidad.


















































