Con la convocatoria a participar en el “Sínodo de la Sinodalidad” (2021-2023), el Papa Francisco nos invita a caminar juntos, a escucharnos y a escuchar la voz del Espíritu Santo. Se trata de escuchar la voz de Dios, de captar su presencia, su paso y su soplo de vida.
Para poder escucharnos debemos salir al encuentro de los hermanos, como lo hacía Jesús, que pasaba por los caminos, se encontraba con la gente y se acercaba al pueblo para escuchar sus necesidades. Esta actitud exige en nosotros atención, tiempo, disponibilidad para encontrarse con el otro y dejarse interpelar por sus inquietudes. “Estamos llamados a ser expertos en el arte del encuentro: el sínodo no es organizar eventos o hacer una reflexión teórica de los problemas, sino tomarnos tiempo para estar con el Señor y favorecer el encuentro entre nosotros. Un tiempo para dar espacio a la oración, a la adoración, a lo que el Espíritu quiere decir a la Iglesia; para enfocarnos en el rostro y la palabra del otro, encontrarnos cara a cara, dejarnos alcanzar por las preguntas de tantos hermanos” (P. Francisco).
Un verdadero encuentro sólo nace de la escucha. El Señor siempre escuchaba atentamente, con respeto y sin prisas. Cuando escuchamos con el corazón el otro se siente acogido, no juzgado, libre para contar la propia experiencia de vida y el propio camino espiritual. El espíritu profético tiene que llevarnos a escuchar antes que hablar y juzgar a otros. Antes de dar soluciones magistrales a los problemas del mundo y quejarnos de lo que los demás no hacen bien, debemos escuchar a Dios y los clamores de la gente. Participar activamente en el sínodo es escuchar la Palabra de Dios, los afanes y esperanza de la Iglesia y de cada pueblo, es escuchar los desafíos del mundo, sin miedos, sin complejos, confiando siempre en Dios, pues estamos en sus manos paternales.
El encuentro y la escucha nos llevan al discernimiento en un ambiente de oración y adoración, no a la confrontación agresiva ni a imponer soluciones ideológicas, con respuestas caducas, que no expresan confianza en Dios ni una actitud de compromiso serio, como decir: “siempre se ha hecho así”, para justificarnos y no aceptar la llamada a ser Iglesia en salida. “En la oración pedimos a Dios que nos ilumine para que el sínodo no sea una convención eclesial, una conferencia de estudios, un congreso político o un parlamento, sino un acontecimiento de gracia, un proceso de sanación guiado por el Espíritu Santo” (P. Francisco).
Como Iglesia arquidiocesana, entremos en el ambiente sinodal, buscando juntos una sincera conversión del corazón y de la mente. Que esta etapa involucre a todos, no solo a los que están dentro de nuestras iglesias.
Dejemos a un lado los prejuicios y la acedia que no nos dejan caminar. Es verdad que tenemos nuestras agendas pastorales copadas, pero en nuestra vida siempre habrá espacio para las cosas de Dios y para escuchar la voz de nuestro pueblo.


















































