Benedicto XVI fue el más cercano y fiel colaborador del Papa San Juan Pablo II, como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe por más de veinte años. Continuó con el trabajo pastoral del Papa anterior y dirigió a la Iglesia universal durante ocho años, del 2005 al 2013.
Son muchísimas las enseñanzas que nos legó este Pontífice. Hoy quiero recordar tres, en las que podemos ver la profundidad de su magisterio, la cercanía del pastor y su amor a la Iglesia.
1. Enfrenta con firmeza la dictadura del relativismo, pues no podemos dejarnos llevar por cualquier doctrina, nuestra medida y único modelo es el Hijo de Dios: ¡Cuántos vientos de doctrina hemos conocido durante estos últimos decenios!, ¡cuántas corrientes ideológicas! Cada día nacen nuevas sectas y se realiza lo que dice San Pablo sobre el engaño de los hombres, sobre la astucia que tiende a inducir a error (cf. Ef 4, 14). A quien tiene una fe clara, según el Credo de la Iglesia, a menudo se le aplica la etiqueta de fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, dejarse 'llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina', parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida solo el propio yo y sus antojos Homilía 18.04.2005.
Contra lo que el cardenal Ratzinger denominó dictadura del relativismo que no reconoce nada como absoluto y que deja únicamente al ‘yo’ y sus caprichos como última medida, la Iglesia ofrece una fe adulta enraizada en la amistad con Cristo.
2. En su visita a Aparecida en el año 2007, destacó la piedad sincera y sencilla de nuestros pueblos latinoamericanos, donde, gracias al trabajo de grandes misioneros, se realizó una estupenda síntesis entre cultura y fe cristiana. De allí ha nacido la rica religiosidad popular, donde aparece el alma de nuestros pueblos:
– El amor a Cristo sufriente, el Dios de la compasión, del perdón y de la reconciliación;
– el amor al Señor presente en la Eucaristía, el Dios encarnado, muerto y resucitado para ser Pan de vida;
– el Dios cercano a los pobres y a los que sufren;
– la profunda devoción a la Santísima Virgen María.
– Esta religiosidad se expresa también en la devoción a los santos, en el amor al Papa y a los demás pastores, en el amor a la Iglesia universal, que nunca puede ni debe dejar solos a sus propios hijos. Todo ello forma el gran mosaico de la religiosidad popular que es el precioso tesoro de la Iglesia católica en América Latina, y que ella debe proteger, promover y también purificar.
3. Benedicto XVI fue quien canonizó el 12 de octubre de 2008 a Narcisa de Jesús, la santa montubia, patrona de los laicos ecuatorianos. Nos dijo que esta mujer de nuestro pueblo “nos muestra un camino de perfección cristiana asequible a todos los fieles. A pesar de las extraordinarias gracias recibidas, su existencia transcurrió con gran sencillez, dedicada a su trabajo como costurera y a su apostolado como catequista. En su amor apasionado a Jesús, nos ofrece un testimonio atrayente y un ejemplo acabado de una vida totalmente dedicada a Dios y a los hermanos” Homilía de canonización. Con este ejemplo, el Papa Emérito recuerda a los laicos que deben sentirse corresponsables en la edificación de la sociedad según los criterios del Evangelio, pues están llamados a llevar al mundo el testimonio de Jesucristo y a ser fermento del amor de Dios en la sociedad.


















































