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Mensaje Pastoral de Monseñor Marcos Pérez, Arzobispo de Cuenca

EL CORAZÓN DE JESÚS Y LOS SACERDOTES

EL CORAZÓN DE JESÚS Y LOS SACERDOTES

El mes del Sagrado Corazón de Jesús nos recuerda la Consagración de nuestro país a los Sagrados Corazones de Jesús y de María. Somos templo de Dios, pueblo del Señor. Con absoluta confianza podemos decir que Jesús es nuestro pastor y nosotros su heredad.

En el Año Sacerdotal celebrado en el 2009, el Papa Benedicto XVI nos decía que los ministros del Señor nunca podemos olvidar que del Corazón misericordioso de Jesús ha brotado nuestro sacerdocio ministerial. Hemos sido consagrados al Señor para servir, a nuestros hermanos. Nuestra misión exige fidelidad a Cristo, unión con Él, permanecer en su amor. Es cuestión de dejarse conquistar por Jesucristo.

Para ser buenos servidores de nuestro pueblo es necesario el estudio, la buena formación humana, teológica y pastoral, pero es más importante la ciencia del amor, la misma que solo se asimila a los pies de Jesús. Él nos habla de Corazón a corazón para que compartamos con los demás el pan del amor y la solidaridad, la verdad que libera, el perdón que alegra el corazón, la misericordia que transforma la vida y nos une a Dios. Nos llama a guiar el rebaño en su nombre y a dar la vida, como Él lo hizo.

Nuestras debilidades y miserias tienen que conducirnos a su Corazón misericordioso, pues nada hace sufrir más a la Iglesia, Cuerpo de Cristo, que los pecados de sus pastores. También se dirige a nosotros, sacerdotes, el llamado a la conversión y a recurrir a la Misericordia divina; asimismo, debemos dirigir con humildad, todos los días, una súplica apremiante e incesante al Corazón de Jesús para que nos preserve del terrible peligro de escandalizar a aquellos a quienes debemos amar y servir.

La Iglesia necesita sacerdotes santos, ministros que ayuden a los fieles a experimentar el amor misericordioso del Señor y sean sus testigos convencidos. El pueblo busca maestros y pastores que lo guíen y orienten con palabras claras, con buena doctrina y sobre todo con el testimonio de su vida. El buen ejemplo arrastra más que mil palabras bonitas. Aquí vale recordar lo que decía san Antonio de Padua. “Que callen las palabras y hablen las obras”. Que callen nuestros largos sermones y hablen las acciones, que hable nuestro testimonio de oración constante, nuestra verdadera devoción a María, la cercanía con la gente y la entrega generosa; que hable nuestro empeño por fortalecer la catequesis de niños y jóvenes y la dedicación a la formación de los laicos; que hable nuestro ímpetu misionero y el propósito de ir a las periferias existenciales para buscar a la oveja extraviada, al enfermo y abandonado, al pobre y necesitado.

Junio también es el mes del Corazón de María, a ella le pedimos que nos obtenga la gracia de la fidelidad y la perseverancia en nuestro servicio sacerdotal. No dejemos pasar este mes sin tener detalles de amor con Jesús y María: la adoración eucarística vivida con intensidad pidiendo por los sacerdotes, la celebración parroquial de la fiesta del Corpus Christi, la renovación de la consagración a los Sagrados Corazones, el santo rosario, la asistencia a los más pobres, la invitación a visitar asilos de ancianos, casas de niños huérfanos, hospitales y centros asistenciales. En estos lugares encontramos de manera especial a Jesús sufriente, necesitado de nuestro amor.

Que nos acompañe la Virgen María, nuestra Madre, en este mes sacerdotal, para que podamos ser guías firmes e iluminados para tantos hombres y mujeres, niños y jóvenes que el Señor encomienda a nuestra atención pastoral. ¡Sagrado Corazón de Jesús, en ti confiamos!, ¡Inmaculado Corazón de María, protégenos!.

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