Todos los bautizados estamos llamados a construir una Iglesia joven y alegre, llena de vida y de fraternidad. Cristo es siempre joven y la Iglesia debe reflejar su rostro por medio del trabajo de discípulos misioneros honrados, responsables y optimistas. “Los jóvenes y adolescentes constituyen la gran mayoría de la población de América Latina. Representan un enorme potencial para el presente y futuro de la Iglesia y de nuestros pueblos, como discípulos y misioneros del Señor Jesús. Los jóvenes son sensibles a descubrir su vocación a ser amigos y discípulos de Cristo. Están llamados a ser ‘centinelas del mañana’, comprometiéndose en la renovación del mundo a la luz del Plan de Dios” (DAp 443).
A los jóvenes de hoy les toca enfrentar situaciones muy serias asociadas con la crisis económica, de salud, conflictos sociales diversos, la falta de oportunidades de estudio, el incremento del desempleo, un factor que ha contribuido al aumento de la delincuencia juvenil; la exposición a situaciones de abusos y maltratos; el incremento de la migración; crisis espirituales por falta de acompañamiento; crisis por la desintegración de la familia; y consumo de drogas ((Cf. Documento para el Discernimiento Comunitario, Primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, 112-114).
En algunas parroquias y comunidades no se percibe la participación activa de los jóvenes. Buscan lugares donde sean escuchados y puedan aportar con soluciones de solidaridad y fraternidad. Esperan encontrar espacios de encuentro con Dios, donde se les presente las enseñanzas de la Iglesia, pues buscan vivir con radicalidad su fe, como encuentro personal con Jesucristo y con los hermanos necesitados. Cuando no encuentran buen testimonio de nuestra parte y acompañamiento adecuado, se decepcionan y abandonan la Iglesia para buscar otros caminos de fe. Es necesaria, entonces, una catequesis y pastoral abierta, comunicativa, dinámica e interactiva.
Para orientar y acompañar a los jóvenes no basta con el trabajo de la iglesia parroquial y la pastoral juvenil; es indispensable la participación de la familia, iglesia doméstica, como escuela de fe que transmite valores y virtudes a los hijos. Desgraciadamente crecen los casos de familias en las que ya no se entrega la fe cristiana a las siguientes generaciones.
Es necesaria una pastoral juvenil misionera, que salga al encuentro de los jóvenes fuera del grupo juvenil parroquial o del movimiento apostólico. En las parroquias hay jóvenes en la catequesis, en grupos de canto, monaguillos, colaboradores, que no son considerados en la pastoral juvenil, pero que con su trabajo, nos dan testimonio de perseverancia y generosidad. Con todos ellos tenemos que formar agentes evangelizadores de cambio para la sociedad y la Iglesia.
Nuestros jóvenes han comenzado a prepararse para la Jornada Nacional de la Juventud, que se realizará en septiembre y tendrá como sede la ciudad de Loja. Esta experiencia de fe a nivel nacional los preparará para la gran Jornada Mundial de la Juventud, en Lisboa, convocada por el papa Francisco para el 2023. Acompañémoslos con nuestra oración, buenos consejos y afecto sincero. Que estas jornadas sean encuentros con Jesucristo vivo, momentos de verdadera conversión y compromiso. La Iglesia y la familia esperan mucho de nuestros jóvenes, ellos también esperan mucho de nosotros.


















































