La Cuaresma es el periodo de preparación para la Pascua de Resurrección. Estamos viviendo unas semanas centradas en la oración, la limosna y el ayuno. Jesús nos llama a salir de nuestras tinieblas, y nosotros nos ponemos en camino hacia Él, que es la Luz. La Cuaresma nos lleva a renovar nuestra identidad bautismal, es decir, a renacer nuevamente desde lo alto, desde el amor de Dios. Por esto es que la Cuaresma es, por su naturaleza, tiempo de esperanza.
En Cuaresma se nos invita a escuchar con fe la Buena Nueva. Es una llamada a entrar en diálogo sincero y fecundo con nuestro Padre que siempre nos ama. Cuando no escuchamos a Dios y preferimos escuchar la voz del padre de la mentira, nos hundimos en el abismo de la oscuridad, nuestra vida no tiene sentido, no sabemos por dónde caminar. Estos 40 días de reflexión son también para todos nosotros una salida de la esclavitud del pecado a la libertad, al encuentro del Cristo Resucitado. Cada paso, fatiga, prueba, caída, todo tiene sentido solo dentro del designio de salvación de Dios, que quiere para su pueblo la vida y no la muerte, la alegría y no el dolor.
Para vivir plenamente esta Cuaresma, debemos tener presente que no estamos solos, el Señor camina con su pueblo. Para fortalecer nuestra fe y esperanza, no podemos, pues, olvidar las prácticas de piedad propias de este tiempo:
Rezar cada día por difuntos, enfermos y necesitados. Además, es nuestro deber y obligación como cristianos. Esta oración es necesaria para pedir por el reposo eterno de los fallecidos y también para recordar a los que están enfermos, a los que viven con miedo y a los trabajadores de la salud.
Vivir las obras de misericordia. Para la Cuaresma, el Papa Francisco siempre nos invita a practicar las obras de misericordia con los que sufren, pidiendo que seamos generosos, ayudemos a quien lo necesita en nuestro entorno, busquemos a las personas que están más solas.
No dejar la lectura diaria del Evangelio y la meditación. Estas prácticas nos ayudarán a organizar y vivir mejor la Cuaresma y Semana Santa. Seguir el ritmo litúrgico nos ayudará a no perder de vista nuestra meta: la Pascua del Señor.
Dejarnos transformar de verdad por la gracia de Dios. Un profundo examen de conciencia nos ayudará a hacer una buena confesión. Debemos aprovechar la situación actual para vivir la transformación interior a la que todos estamos llamados durante la Cuaresma.
Rezar en familia. De las numerosas oraciones que se pueden rezar en Cuaresma y durante la Semana Santa, es tradicional el Vía Crucis, especialmente en tiempos de dolor y sufrimiento.
Pedir esperanza y ofrecerla a los demás. El estallido de la guerra en Ucrania nos ha llevado a fortalecer la esperanza en la providencia de Dios frente a tanta violencia. Ha crecido en nuestro interior un sentido renovado de dependencia del poder sanador de Dios en el mundo.
Una vez recuperada esta esperanza, el Papa Francisco nos llama a transmitirla. Para dar esperanza es suficiente con ser una persona amable, que deja a un lado sus ansiedades y urgencias para prestar atención, regalar una sonrisa, o decir una palabra que estimule. Unámonos al Santo Padre y recemos juntos por la paz durante esta cuaresma.


















































