En los encuentros con las familias, el Papa Francisco no duda en señalar que, en la familia, “Iglesia doméstica”, los hijos aprenden el significado de la fidelidad, la honestidad y el sacrificio. Ven como los padres aman a Dios y a la Iglesia. Así los hijos pueden respirar el aire fresco del Evangelio y aprender a comprender, juzgar y actuar en modo coherente con la fe que han heredado. La fe se trasmite alrededor de la mesa doméstica, en la conversación ordinaria, a través del lenguaje que solo el amor perseverante sabe hablar.
“El núcleo familiar de Jesús, María y José es para todo creyente, y en especial para las familias, una auténtica escuela del Evangelio. Aquí admiramos el cumplimiento del plan divino de hacer de la familia una especial comunidad de vida y de amor. Aquí aprendemos que todo núcleo familiar cristiano está llamado a ser ‘Iglesia doméstica’, para hacer resplandecer las virtudes evangélicas y volverse fermento de bien en la sociedad. Los rasgos típicos de la Sagrada Familia son: recogimiento y oración, mutua comprensión y respeto, espíritu de sacrificio, trabajo y solidaridad. Es en la familia unida donde los hijos alcanzan la madurez de su existencia, viviendo la experiencia significativa y eficaz del amor gratuito, de la ternura, del respeto recíproco, de la comprensión mutua, del perdón y de la alegría” (Papa Francisco, 27 de diciembre de 2015).
Las palabras del Pontífice nos llevan a recordar los lugares donde se realiza la catequesis: la parroquia y la familia. Es muy importante organizar bien la catequesis parroquial, con el párroco encabezando la preparación de los catequistas, involucrado totalmente en el anuncio del Evangelio a los más pequeños y a sus padres, como su primera responsabilidad. Una catequesis que cuente con textos aprobados por la autoridad eclesiástica y que desarrollan las clases en forma pedagógica, con fidelidad a las enseñanzas de Jesús. Todo en la catequesis debe llevarlos al encuentro con el Señor y a fortalecer su pertenencia a la Iglesia, como la gran familia de los hijos de Dios, en la que deben crecer en la fe y en el verdadero amor.
Debemos recalcar también la importancia de la formación en la fe que no puede faltar en un hogar católico. La oración en familia, el diálogo, la invocación a María, la celebración de las fiestas cristianas y la práctica de la solidaridad con los que sufren. “Los hijos aprenderán a compartir los bienes de la tierra con los demás, si ven que sus padres se preocupan del más pobre”. Así los padres serán para sus hijos los primeros maestros en la fe.
Los padres de familia no pueden creer que con matricular a sus hijos en la catequesis parroquial ya están cumpliendo con su responsabilidad. Esa es una parte del compromiso, pero la tarea más importante sigue siendo la que realizan ellos en el hogar. Nada puede reemplazar el buen testimonio de papá y mamá, las oraciones que se aprenden de labios de los abuelos, el ejemplo de nuestros mayores y el lenguaje de la ternura que solo se aprende en el terruño familiar.
Bridemos una catequesis sólida a las familias, desde nuestras parroquias, que sea un verdadero apoyo y orientación para que los padres eduquen a sus hijos en la capacidad de amar a Dios y al prójimo. Así renovaremos la familia, la Iglesia y la sociedad.


















































