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Mensaje Pastoral de Monseñor Marcos Pérez, Arzobispo de Cuenca

LA RESURRECCIÓN Y LA REENCARNACIÓN

LA RESURRECCIÓN Y LA REENCARNACIÓN

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús algunos saduceos. Como los saduceos niegan la resurrección de los muertos, le preguntaron: “Maestro, Moisés nos dejó escrito que si alguno tiene un hermano casado que muere sin haber tenido hijos, se case con la viuda para dar descendencia a su hermano. Hubo una vez siete hermanos, el mayor de los cuales se casó y murió sin dejar hijos. El segundo, el tercero y los demás, hasta el séptimo, tomaron por esposa a la viuda y todos murieron sin dejar sucesión. Por fin murió también la viuda. Ahora bien, cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será esposa la mujer, pues los siete estuvieron casados con ella?”
Jesús les dijo: “En esta vida, hombres y mujeres se casan, pero en la vida futura, los que sean juzgados dignos de ella y de la resurrección de los muertos, no se casarán ni podrán ya morir, porque serán como los ángeles e hijos de Dios, pues él los habrá resucitado.
Y que los muertos resucitan, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob. Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven”. (Lc. 20, 27-38)
Los saduceos no creían en la resurrección de los muertos, por eso le plantean a Jesús un caso infantil, con la intención de poner en ridículo la creencia de la resurrección. La respuesta del Señor es clara, apoyándose en las Escrituras, les explica que si Dios se hizo amigo de los Patriarcas, lo hizo para siempre. Luego, más allá de la muerte existe la resurrección. Dios es un Dios que llama a la vida, a vivir en comunión con Él. He aquí una gran esperanza: cuando nuestro tiempo en la tierra termine, las cosas no serán ya provisionales ni parciales. Viviremos con Dios eternamente. Por el triunfo de Jesús en su resurrección tenemos también la certeza de triunfar sobre la muerte. Sabemos que la muerte no es el final de la historia, pues el amor es eterno.
Ideas como la reencarnación y la negación de la resurrección final no pertenecen a nuestra fe cristina. La reencarnación o la transmigración del alma se encuentra en la mitología religiosa de algunos pueblos y, en especial, en la espiritualidad oriental. La idea de que el “yo” personal del ser humano viva varias existencias en forma cíclica, cambiando sólo de cuerpo, a lo largo de centenares o miles de años hasta lograr su “iluminación definitiva”, es algo totalmente irreconciliable con la fe cristiana. Ante la avalancha de doctrinas erróneas tenemos que repasar el Catecismo y conocer los artículos del Credo, para que nuestra fe no se confunda. Pidamos al Señor nos aumente la fe y la purifique de todo error.

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