Todo encuentro con Jesús es una fiesta. Cuando el Señor viene a nosotros no podemos quedar indiferentes. Él espera nuestra respuesta generosa, como la de María ante el anuncio del Ángel o la de los apóstoles que, al escuchar la llamada del Señor dejaron todo, la familia y las barcas, y lo siguieron. Esta fue también la respuesta de muchos hombres y mujeres que a través de los siglos han descubierto el gran tesoro escondido, el verdadero amor que transforma la vida y nos llena de esperanza.
Así debemos presentar el rostro de Jesús a los niños, especialmente en la catequesis de Primera Comunión. Él nos da su Cuerpo en la Eucaristía para que seamos fuertes. No podemos quedarnos solo en la teoría, los pequeños deben aprender a hablar con Jesús, como lo hacen con sus padres y amigos. Él es una persona viva que escucha y entiende, que los acoge con predilección y los pone como ejemplo de sencillez y humildad.
“Los niños viven inmersos en mil dificultades, envueltos en un ambiente difícil que no les favorece ser lo que Dios quiere de ellos, muchos, víctimas de la crisis de la familia. En ese clima aún les es más necesario el encuentro, la amistad, la unión con Jesús, su presencia y su fuerza. Son, por su alma limpia y abierta, los mejor dispuestos, sin duda, para ello” (Card. Antonio Cañizares).
Teniendo presente la realidad de las familias de hoy, debemos señalar que la catequesis parroquial de Primera Comunión tiene como objetivo preparar a nuestros niños al encuentro con Jesús Eucaristía. En este proceso, el párroco, junto al equipo de catequistas, acompañan a los catequizandos en el camino de crecimiento y madurez en la fe, para que puedan descubrir, vivir y celebrar el inmenso amor de Jesús, quien nos perdona en el sacramento de la Reconciliación y se nos entrega como Pan de vida eterna en la Eucaristía.
Los contenidos de la catequesis nos presentan a Jesús, el amigo cercano, el Hijo, el Dios hecho hombre, que nos acoge con misericordia y nos guía en nuestro caminar. El punto culminante de este proceso es la recepción de la Primera Eucaristía, momento al que nuestros niños se disponen con mucho entusiasmo. Siendo un acontecimiento tan importante, toda la familia debe tomar parte activa en el desarrollo de la catequesis y no solamente en el momento de recibir el sacramento. En Cuenca nos hemos empeñado en hacer de la catequesis un compromiso familiar. Son los padres quienes más necesitan hoy orientación y apoyo. La Iglesia no puede quedarse al margen de este importante espacio de formación en la fe y acompañamiento de la familia. Es, pues, toda la comunidad familiar la que debe acercarse a Jesús en las celebraciones sacramentales.
Trabajemos para que la celebración de la Primera Comunión sea una gran fiesta de fe, de encuentro con Jesús y con la comunidad parroquial. Dispongámoslo todo para que el Señor entre en el corazón de los niños y comiencen una nueva etapa de vida, permaneciendo fieles a Él en todo momento, con la plena seguridad de que Dios está siempre con nosotros, aun en los momentos más difíciles.
Este primer encuentro con Jesús Eucaristía debe animarlos a encontrarlo, amarlo y servirlo en el prójimo, donde también Él está realmente presente.


















































