El papa Francisco continua su comentario diciendo que: “un pueblo capaz de hacer niños y capaz de mostrarlos con orgullo, con esperanza, es un pueblo que tiene futuro”. En la sociedad de hoy, caracterizada por la imposición de una cultura de muerte, el egoísmo y la destrucción de los débiles e indefensos, en un mundo donde se invierten millones de dólares en campañas anti vida y anti familia, donde se presentan proyectos de leyes que atentan contra la vida y la dignidad de las personas, buscando destruir la imagen de Dios impresa en el hombre y la mujer, no podemos quedarnos tranquilos, siendo meros espectadores de una terrorífica película de la vida real que destroza la creación.
La familia tiene que despertarse y defender sus derechos. Los padres de familia, movidos por el amor, tienen que exigir una sana educación para sus hijos, sin ideologías que atenten contra su dignidad y desfiguren su naturaleza. Los jóvenes tienen derecho a una sana educación y a soñar con un futuro digno.
Culmina Francisco su comentario afirmando que “el Maligno quiere dividir al pueblo para destruir la obra de Dios”. Y concluye: “Pero es también evidente que el amor de Cristo, su infinita Misericordia es más fuerte que el pecado y que la muerte”. Esta es también nuestra firme convicción: “El poder de Dios es más fuerte que el mal”.
Ecuador es también un pueblo con futuro, orgulloso de sus hijos, que agradece a Dios y reconoce que su condición de nación consagrada le compromete a luchar por la vida, la familia y la libertad. San Juan Pablo II, en una de sus visitas a Polonia, afirmó que “un pueblo que mata a sus hijos es un pueblo sin futuro”. ¡Y el Ecuador debe tener futuro! Los hijos, los seres humanos, son la mayor riqueza… Si hay ilusión por los hijos, habrá ilusión, optimismo, proyectos de futuro.


















































