En algunas homilías y reflexiones el Papa Francisco habla de la calumnia, a la que considera algo más que un grave pecado, porque nace del odio y busca destruir la obra de Dios.
Quienes odian y fomentan la violencia, usando toda clase de amenazas contra la integridad física y moral, acuden a la calumnia porque no saben entablar un diálogo respetuoso y transparente, no conocen lo que es una sana discusión entre personas de bien, que buscan la verdad y la justicia.
Subraya el Papa que la calumnia es peor que el pecado, una expresión directa de Satanás. “Todos somos pecadores, todos cometemos pecados, pero la calumnia es otra cosa. Por supuesto que también es un pecado, pero es algo más. La calumnia apunta a destruir la obra de Dios, y proviene de una cosa muy mala: nace del odio y el odio es la obra de Satanás. La calumnia destruye la obra de Dios en las personas, en sus almas” (Homilía de 15 abril de 2013).
La historia de los hombres y mujeres, mártires de la Iglesia, por defender la verdad y la paz ante las calumnias del mundo, no ha terminado. Muchos son difamados, perseguidos y asesinados por odio a Jesús y a la Iglesia. Algunos son asesinados por defender a sus hermanos más pobres y débiles, otros por enseñar la fe verdadera, el Evangelio de la vida, la santidad del matrimonio y la familia. Hoy, en América y en otros continentes, hay hermanos que sufren y pierden la vida a manos de regímenes nefastos, que jamás han entendido que gobernar al pueblo es servirlo con honradez.
En nuestro mundo vivimos el drama de la desinformación, es el desacreditar al otro, el presentarlo como enemigo, hasta llegar a la demonización que favorece los conflictos. Las noticias falsas revelan así la presencia de actitudes intolerantes e hipersensibles al mismo tiempo, con el único resultado de extender el peligro de la arrogancia y el odio. A esto conduce, en un último análisis, la falsedad.
El antídoto más eficaz contra el virus de la falsedad y la calumnia es dejarse purificar por la verdad. La verdad es aquello sobre lo que uno se puede apoyar para no caer. En este sentido relacional, el único verdaderamente fiable y digno de confianza, sobre el que se puede contar siempre, es decir, «verdadero», es el Dios vivo. Es hacer nuestra la afirmación de Jesús: «Yo soy la verdad» (Jn 14,6). El hombre, por tanto, descubre y redescubre la verdad cuando confía en Dios, el Único que puede liberar al hombre (Cf. Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de las Comunicaciones 2018).


















































