La fiesta de la Epifanía o de los Reyes, como parte del tiempo navideño, nos invita a buscar a Jesús y a adorarlo, como lo hicieron los famosos Magos de Oriente. Nos emociona pensar que en estos personajes estamos representados todos los creyentes que, en el transcurso de los siglos hemos recibido la luz de la fe. Ellos representan a los hijos de Dios dispersos por el mundo, que acuden también a adorar al único Rey y Señor, manifestado en un pequeño Niño.
Los Magos no se extrañan porque la estrella termina guiándolos a una casa pequeña y humilde, mas no a un palacio lleno de grandezas. Más bien se alegran profundamente porque encuentran el camino que los conduce a Jesús. Tan cerca está el Señor y no somos capaces de descubrirlo en lo pequeño, en la insignificante apariencia de un pobre. Está en cada familia humilde y sobre todo en la Eucaristía, en ese pedazo de pan donde no se revela su gloria. El cristiano debe estar muy atento porque el Señor se manifiesta en las cosas ordinarias de cada día, en la cotidiana vida del hogar, en el encuentro con los amigos, en el trabajo o en la sonrisa de los hijos.
Cuando los Magos encontraron al Niño en brazos de su Madre, lo adoraron. Este fue el objetivo de toda su larga peregrinación, llena de dificultades, fatigas y sacrificios. Este también es el fin de nuestra peregrinación por este mundo. Todo debe llevarnos al encuentro personal con Dios para adorarlo y sentir la verdadera alegría de los que le entregan el corazón.
Hoy también nosotros nos preguntamos: “Dónde está el Rey que ha nacido” (Mt. 2,2). Esta y otras preguntas nos inquietan. Estamos preocupados por la situación del mundo, cómo resolver los problemas de la pobreza, la inseguridad, la injusticia, la contaminación del medio ambiente, la falta de agua, la defensa de la vida en todas sus manifestaciones. La respuesta a estas cuestiones solo está en Aquel que tiene el poder para instaurar la verdad y la paz en el mundo. Buscamos a alguien que no nos engañe con soluciones de fachada, como hacen ciertas personas, pues se quedan en la superficie y no cambian el corazón. Sabemos que solos no podemos construir la justicia y la paz.
Como los Magos, debemos tomar decisiones. A quien hemos de seguir. Ellos escucharon que en Belén de Judá estaba el Rey y se dejaron guiar por la estrella. Tomaron la decisión correcta. Hoy nos toca hacer nuestra opción. El encuentro con la Palabra de Dios nos ilumina como lo hizo la estrella y nos lleva hasta Jesús, presente en la Eucaristía. Debemos recuperar la capacidad para asombrarnos ante la fragilidad de Aquel que tiene todo lo que necesitamos para transformar nuestra vida y la sociedad.
Celebremos la Epifanía del Señor decididos a ponernos en camino, para que este año nuevo sea tiempo de encuentro con Dios.


















































