El famoso Cardenal vietnamita Francisco Xavier Van Thuan, que vivió muchos años encarcelado por un régimen político nefasto, es citado por el Papa Francisco en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2019. Recalca de este prelado las bienaventuranzas del político, un programa de vida con el que pueden estar de acuerdo todos los políticos, de cualquier procedencia cultural o religiosa que deseen trabajar juntos por el bien de la familia humana, practicando aquellas virtudes humanas que son la base de una buena acción política: la justicia, la equidad, el respeto mutuo, la sinceridad, la honestidad, la fidelidad.
“Bienaventurado el político que tiene una alta consideración y una profunda conciencia de su papel.
Bienaventurado el político cuya persona refleja credibilidad.
Bienaventurado el político que trabaja por el bien común y no por su propio interés. Bienaventurado el político que permanece fielmente coherente.
Bienaventurado el político que realiza la unidad.
Bienaventurado el político que está comprometido en llevar a cabo un cambio radical.
Bienaventurado el político que sabe escuchar. Bienaventurado el político que no tiene miedo”.
Nos hará bien a todos, pero especialmente a nuestros hermanos políticos, reflexionar ante Dios y preguntarnos si trabajamos por el pueblo o por intereses personales, si trabajamos por el país, la provincia y el cantón, si trabajamos con honradez.
El político debe manifestar absoluta coherencia constante entre su fe y su vida de persona comprometida en política; coherencia entre sus palabras y acciones, siempre dispuesto a cumplir las promesas electorales.
El buen político busca siempre la unidad, porque la división destruye y fomenta la violencia entre hermanos. Busca un cambio radical luchando contra la corrupción, respetando la libertad de su pueblo. “El buen político tiene como carta magna el Evangelio”.
Recuerda el cardenal vietnamita que el político debe saber escuchar siempre al pueblo, antes, durante y después de las elecciones; debe escuchar la propia conciencia y saber escuchar a Dios en la oración.
El político sincero es valiente, no tiene miedo. Ante todo, está la verdad. No puede estar pendiente de las encuestas y niveles de aceptación para actuar. En el momento del juicio debe responder solo a Dios.
Las próximas elecciones en nuestro país serán una oportunidad para volver a la fuente y a los puntos de referencia que inspiran la justicia y el derecho. Estamos convencidos, dice Francisco, de que la buena política está al servicio de la paz; respeta y promueve los derechos humanos fundamentales, que son igualmente deberes recíprocos, de modo que se cree entre las generaciones presentes y futuras un vínculo de confianza y gratitud. La paz es también fruto de la concordia y la reconciliación, por lo cual es condenable toda práctica política que fomente el enfrentamiento y la división entre los conciudadanos.


















































