“Los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades son una de las novedades más importantes suscitadas por el Espíritu Santo en la Iglesia, para la puesta en práctica del Concilio Vaticano II. Se difundieron precísamente después del Concilio, sobre todo durante los años inmediatamente sucesivos, en un período lleno de grandes promesas, pero marcado también por pruebas difíciles” (Benedicto XVI). En un mundo ca¬da vez más secularizado, donde la fe está fuertemente probada y con frecuencia sofocada y apagada, los movimientos y las nuevas comu¬nidades, siendo portadores de la novedad del Evangelio son una propuesta de vida cristiana, caminos concretos para acoger en la propia existencia la vida que el Señor Jesús nos trajo.
La multiplicidad de agregaciones de fieles laicos converge en la finalidad espiritual y apostólica que los anima: “Participar responsablemente en la misión de la Iglesia de llevar el Evangelio de Cristo como fuente de esperanza para el hombre y de renovación para la sociedad” (Christifideles laici, 29). Para participar activamente en la misión de la Iglesia, deben estar en comunión con los pastores legítimos, y colaborar en la pastoral de conjunto que se realiza en la diócesis. Es necesario que soliciten que sus estatutos y plan de formación estén aprobados por la autoridad eclesiástica.
En nuestra arquidiócesis están presentes los siguientes movimientos apostólicos y comunidades, que tienen la respectiva aprobación eclesiástica: Movimiento Juan XXIII, Camino Neocatecumenal, Heraldos del Evangelio, Comunidad Fuente de Vida, Familias Franciscanas, Renovación Carismática, Lazos de Amor Mariano, Asociación Guardiana de la fe, Legión de María, Cursillos de Cristiandad, Caminante de Emaús, Movimiento de Laicos Sacramentinos, Comunidad Jesús es el Señor, Jornadas de Vida Cristiana.
Cuando entre los miembros de un grupo encontramos un clima de autopromoción, de vanidad o de espíritu de superioridad sobre los demás, un clima de rivalidad, de celos, de violencia o de no reconocimiento de las cualidades de los demás, en fin, un clima de desunión y discordia, podemos decir que carecen de autenticidad y han desfigurado su verdadero sentido o finalidad.
Los movimientos jamás pueden ser factor de desunión, de discordia y de división en la Iglesia. Es mediante la caridad que deben unirse la entera comunidad con todos sus miembros. Los carismas que reciben tienen que ser acogidos en la oración, con mucha humildad, con espíritu de comunión con la comunidad y cada uno de sus miembros, con espíritu de servicio a los demás, con disponibilidad, con ardor misionero y alegre gratitud.
Para que los movimientos eclesiales contribuyan verdaderamente a la comunión de la Iglesia deben tener una estrecha referencia con los pastores de la Iglesia, quienes tienen el papel de verificar los elementos de eclesialidad existentes en ellos.
Debemos trabajar para profundizar y subrayar la responsabilidad de todo bautizado en la Iglesia. Todos los miembros del Pueblo de Dios, pastores y fieles laicos, compartimos plenamente la responsabilidad de la misión eclesial. Caminemos juntos y demos así testimonio de nuestra fe ante un mundo dividido y lleno de violencia.


















































