En la carta dirigida por el Papa Francisco a los sacerdotes párrocos, en mayo de 2024, les da algunas recomendaciones para inspirar su estilo de vida y la acción pastoral:
1. Vivan su carisma ministerial al servicio del Pueblo de Dios. Es urgente descubrir, animar y valorar los multiformes carismas de los laicos y que son indispensables para poder evangelizar las realidades humanas. La corresponsabilidad de los laicos en el anuncio de la Buena Nueva se basa en una correcta visión de la Iglesia, la Iglesia como Pueblo de Dios, del cual los laicos forman parte con pleno derecho, junto a los ministros ordenados. Para vivir la corresponsabilidad en la misión de la Iglesia, todos los espacios formativos tienen que orientarse a la misión, no solamente a las teorías, de otro modo se cae en las ideologías.
2. Aprendan y practiquen el arte del discernimiento comunitario, valiéndose para esto del método de la conversación espiritual. La conversación espiritual se centra en la calidad de la capacidad de escucha, así como en la calidad de las palabras pronunciadas. Hay dos actitudes necesarias que son fundamentales en este proceso: escuchar activamente y hablar desde el corazón. Esta práctica permitirá conocer mejor los carismas presentes en la comunidad, confiar con sabiduría tareas y ministerios, proteger a la luz del Espíritu los caminos pastorales, yendo más allá de la simple programación de actividades.
3. Basen todo en el intercambio y la fraternidad entre ustedes y con sus obispos. No podemos ser auténticos padres si no somos ante todo hijos y hermanos. La comunión y la participación de la que tanto hablamos en nuestras comunidades tenemos que vivirla primero entre nosotros. La sinodalidad comienza por casa. Las reuniones, asambleas, encuentros y retiros espirituales son momentos especiales que Dios nos regala para crecer en fraternidad.
4. Formar parroquias con espíritu sinodal. “Si las parroquias no son sinodales y misioneras, tampoco lo será la Iglesia”. Como pastores, estamos llamados a acompañar en este itinerario a las comunidades que servimos y, al mismo tiempo, a comprometernos con la oración, el discernimiento y el celo apostólico para que nuestro ministerio se adecúe a las exigencias de una Iglesia sinodal misionera.
5. Anuncien la Palabra de Dios. Un desafío que tiene todo el clero es la escucha del Espíritu Santo para movernos en la dirección que Él nos indica. Es fundamental la oración en la vida del pastor. “La oración nos hace salir del yo, nos abre a Dios, nos vuelve a poner en pie porque nos pone en sus manos; crea en nosotros el espacio para experimentar la cercanía de Dios, para que su Palabra nos sea familiar y, a través de nosotros, lo sea a todos los que encontramos. Sin la oración no se va lejos. No nos cansemos nunca de invocar a la Virgen María, nuestra Madre, y de aprender de ella a contemplar y seguir a Jesús” (Encuentro con los sacerdotes de El Congo, 2023).


















































