Del 8 al 15 de septiembre, Quito será la sede del 53 Congreso Eucarístico
Internacional. El Papa Francisco escogió nuestro país para celebrar este
acontecimiento eclesial que reúne a miles de personas alrededor de Jesús
Eucaristía, fuente y cumbre de nuestra vida. El Congreso Eucarístico
Internacional se realiza también al conmemorarse los 150 años de
Consagración del Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús.
Un Congreso Eucarístico Internacional es, ante todo, una fiesta de toda la
Iglesia de Cristo, en torno a Él, su Señor y Maestro, presente en la Eucaristía.
La Iglesia es convocada a reunirse para agradecer al Señor el tesoro más
grande que le ha dejado: la Sagrada Eucaristía. Se congrega de todas partes
para reflexionar en torno al misterio eucarístico, para celebrarlo, para adorarlo y
para renovar con entusiasmo, fortalecida por Cristo Eucaristía, su compromiso
evangelizador en el mundo contemporáneo.
Los Congresos Eucarísticos “deben considerarse como una estación, esto es,
como una pausa de compromiso y de oración de todo el pueblo de Dios, para
que unánimemente se dediquen a considerar con mayor profundidad un
determinado aspecto del misterio eucarístico ofreciendo así un homenaje de
pública veneración, con el vínculo de la caridad y de la unidad. Tales congresos
deben ser un signo auténtico de fe y de caridad por la plena participación de la
Iglesia local y la presencia representativa de las otras Iglesias” (Ritual de la
Sagrada Comunión y del culto de la Eucaristía fuera de la Misa, n° 109).
El lema escogido: “Fraternidad para sanar el mundo”, sobre el que hemos
reflexionado durante los dos años de preparación, expresa la urgencia de
fraternidad. Distintos países latinoamericanos y de otros continentes sufren en
su interior quiebres sociopolíticos. Manifestaciones populares que rechazan un
sistema económico cada vez más inequitativo donde crece la pobreza y la
injusticia, se dan cita constantemente. La pobreza y la desigualdad en América
Latina son una llaga que se profundiza en lugar de aliviarse. La pandemia y sus
consecuencias, el contexto mundial agravado en lo político, económico y
militar, así como la polarización ideológica, parecen cerrar las puertas a los
esfuerzos de desarrollo y anhelos de liberación (Cf. Doc. Base, iec2024ec).
En los próximos días nuestra capital se convertirá en un gran santuario de
adoración a Jesús, donde acudirán miles de personas del mundo entero para
decirle: “Señor Jesucristo, Pan vivo bajado del cielo, Mira al pueblo de tu
corazón que hoy te alaba, te adora y te bendice. Tú que nos reúnes alrededor
de tu mesa para alimentarnos con tu Cuerpo, haz que, superando toda división,
odio y egoísmo, nos unamos como verdaderos hermanos, hijos del Padre
Celestial. Envíanos tu Espíritu de amor, para que buscando caminos de
fraternidad: paz, diálogo y perdón, colaboremos para sanar las heridas del
mundo”.
Que estos días de oración y encuentro nos ayuden a reflexionar sobre nuestra
realidad social, familiar, política y eclesial para comprometernos seriamente en
la construcción de una verdadera civilización del amor. Participemos de los
eventos programados, utilizando los medios de comunicación y las diversas
redes sociales que transmitirán en vivo cada momento de este encuentro con
Jesucristo, Pan de Vida.


















































