La Iglesia dispone de muchos lugares y recursos para la formación de discípulos misioneros. En todos estos ámbitos, la comunidad expresa su capacidad de educar en el discipulado y de acompañar en el testimonio, en un encuentro que a menudo reúne a personas de distintas generaciones, desde los más jóvenes hasta los ancianos. La piedad popular es también un tesoro precioso de la Iglesia, que enseña el camino a todo el Pueblo de Dios (cf. Documento Final del Sínodo, 144).
El martes 19 de noviembre vivimos una de las mayores manifestaciones de piedad popular en nuestra ciudad. El pueblo entero salió a las calles para recibir la sagrada imagen del Señor de las Aguas de Girón, que fue trasladada en peregrinación para pedir lluvia abundante sobre nuestros campos y ciudades, y también para implorar por los que sufren el flagelo de terribles incendios; hechos que nos afectan a todos y nos comprometen a ser más responsables en el cuidado de la casa común.
Muchos recordaron cómo sus padres y abuelos, en tiempos de crisis, también invocaron la protección divina y fueron escuchados. Siguiendo su buen ejemplo y después de escuchar innumerables peticiones, con el apoyo efectivo de las autoridades locales y provinciales, decidimos hacer esta peregrinación. Así fue como la imagen del Señor de Girón dejó por un día, su hermoso santuario para venir a alojarse en su casa de Cuenca, la iglesia catedral, donde miles de devotos lo esperaban entre cánticos y alabanzas. En celebraciones multitudinarias como esta, se refleja el alma de nuestro pueblo que, aun en los más duros momentos, no pierde la esperanza ni la confianza en Dios.
Esta manera de expresar la fe está presente, de diversas formas, en todos los sectores sociales, en una multitud que merece nuestro respeto y cariño, porque su piedad refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer. La religión del pueblo es expresión de la fe católica. Es un catolicismo popular, profundamente inculturado, que contiene la dimensión más valiosa de la cultura ecuatoriana (cf. Documento de Aparecida, 258).
La piedad popular es un espacio de encuentro con Jesucristo, un campo indispensable para la misión permanente y un camino para vivir el proceso de conversión personal, comunitaria y pastoral: el llamado camino sinodal. Sin embargo, la unanimidad alrededor de esta conciencia y visión positiva de la piedad popular no es tan evidente. El débil conocimiento, los prejuicios, la postura de condenación, el intento de volver al pasado e implantar una espiritualidad y una eclesiología desde un punto de vista meramente institucional, con un acento quizá demasiado legalista e ideológico, no permiten un acercamiento profundo a la cultura popular. Esto todavía se hace notar. No podemos oponernos a la acción del Espíritu Santo. Necesitamos acercarnos a esta profunda realidad para ver, escuchar y sentir con los pobres y sencillos, y con ellos conocer y hacer esta experiencia de vida y de fe, como una sola Iglesia que tiene una infinidad de expresiones y manifestaciones de fe y solidaridad (cf. Revista Medellín 138, junio de 2009).
Que el Señor escuche el clamor de su pueblo y nos una como verdaderos hermanos.


















































