En el Año Santo 2025 será canonizado Carlo Acutis, un joven italiano que murió a los quince años, fue un enamorado de la Eucaristía y apóstol de internet. De él dice el Papa Francisco, que no se instaló en una cómoda inmovilidad, sino que comprendió las necesidades de su tiempo, porque en los más débiles vio el rostro de Cristo. Su testimonio indica a los jóvenes de hoy que la verdadera felicidad se encuentra poniendo a Dios en primer lugar y sirviéndole en nuestros hermanos, especialmente en los más pequeños.
Es verdad que el mundo digital puede ponernos ante el riesgo del ensimismamiento, del aislamiento o del placer vacío, pero no debemos olvidar que hay jóvenes que también en estos ámbitos son creativos y a veces geniales. Es lo que hacía el joven Carlo Acutis. Él sabía muy bien que esos mecanismos de la comunicación, de la publicidad y de las redes sociales pueden ser utilizados para volvernos seres adormecidos, dependientes del consumo y de las novedades que podemos comprar, obsesionados por el tiempo libre, encerrados en la negatividad. Pero él fue capaz de usar las nuevas técnicas de comunicación para transmitir el Evangelio, para comunicar valores y verdades.
Carlo era un joven normal, sencillo, espontáneo, simpático, amaba la naturaleza y los animales, jugaba fútbol, tenía muchos amigos de su edad, se sintió atraído por los medios modernos de comunicación social, apasionado por la informática y autodidacta construyó programas para transmitir el Evangelio, comunicar valores y belleza. Tenía el don de atraer y fue percibido como un ejemplo (Car. Vallini). Fue uno de los patronos de la Jornada Mundial de la Juventud 2023 y se ha convertido en un modelo a seguir en la Pastoral Juvenil de Cuenca. Tanto entusiasmo y admiración despierta entre los adolescentes y jóvenes de nuestra arquidiócesis, que programaron un festival y concurso sobre su vida y apostolado, recalcando el amor a la Eucaristía y el uso de las redes sociales para transmitir la fe.
La Arquidiócesis de Cuenca, empeñada en reconocer la realidad en la que viven los jóvenes, entre sueños, esperanzas, utopías, dolores, tropiezos y angustias propias del entorno y del contexto de la sociedad actual, renueva su opción preferencial por los jóvenes. En estrecha relación con la familia y con los espacios de formación y participación eclesial, compromete su esfuerzo para propiciar una evangelización que responda a la realidad compleja y cambiante de los jóvenes, de tal forma, que sean sujetos y protagonistas de la Iglesia y sociedad (Cfr. DA, 442-446; AL, 267).
Los jóvenes están amenazados por una realidad que los empuja a ser parte de una cultura del descarte: antivalores, consumismo, aculturación e individualismo; la influencia de las nuevas tecnologías que los aíslan y los convierten en fáciles miembros de redes de microtráfico, violencia, sexualidad sin orientación, falta de confianza en sus padres y en la familia; y muchas veces, rechazados por los imaginarios adultocéntricos que les niegan la palabra, la escucha y la presencia.
Debemos renovar nuestro apoyo a los jóvenes para que sean protagonistas de la nueva evangelización a ejemplo de Carlo Acutis.


















































