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Mensaje Pastoral de Monseñor Marcos Pérez, Arzobispo de Cuenca

La Biblia es el libro del Pueblo de Dios

La Biblia es el libro del Pueblo de Dios

La Palabra de Dios es viva y eficaz, más penetrante que espada de doble filo, y penetra hasta donde se dividen el alma y el espíritu, los huesos y los tuétanos, haciendo un discernimiento de los deseos y los pensamientos más íntimos. No hay criatura a la que su luz no pueda penetrar; todo queda desnudo y al descubierto a los ojos de aquel al que rendiremos cuentas (Hb 4,12-13).
Cada domingo, en la celebración eucarística, escuchamos la solemne proclamación de la Palabra de Dios. También la escuchamos en casa, cuando la leemos y meditamos y, todos los días, al hacer nuestra oración personal con las mismas palabras del Señor. El mensaje de Dios está en nuestras manos, el mismo Señor viene a nuestro encuentro con su Palabra que ilumina, fortalece y libera.
La Biblia no es patrimonio de algunos, y mucho menos una colección de libros para unos pocos privilegiados. Pertenece al pueblo convocado para escucharla y reconocerse en esa Palabra. A menudo se dan tendencias que intentan monopolizar el texto sagrado, relegándolo a ciertos círculos o grupos escogidos de estudiosos de la Biblia, que la interpretan a su manera e imponen sus ideologías manipulando el texto sagrado. La Biblia es el libro del pueblo del Señor que al escucharlo pasa de la dispersión y la división a la unidad. La Palabra de Dios une a los creyentes y los convierte en un solo pueblo.
La Palabra de Dios es viva, no muere ni envejece, permanece para siempre. Permanece joven en presencia de todo lo que pasa y defiende a quienes la ponen en práctica del envejecimiento interior. La Palabra lleva el aliento de Dios al mundo, infunde el calor del Señor en el corazón. Pero la Biblia no es una hermosa colección de libros sagrados que estudiar, es Palabra de vida que sembrar, un don que el Resucitado nos pide que recibamos y distribuyamos para que haya vida en su nombre (Cf. Papa Francisco a la Federación Bíblica Católica, 2019).
Muchas palabras acuden diariamente a nuestros oídos, transmiten información y dan múltiples conocimientos; pero no podemos renunciar a la Palabra de Jesús, la única Palabra de vida eterna que necesitamos todos los días. Es la noticia que jamás pasa de moda y que, al escucharla y recibirla, transforma nuestra vida. Ella nos ofrece el acontecimiento salvífico, es decir, al Dios mismo, que se compromete en la historia del hombre, revelándose y entregándose a sí mismo; acontecimiento que alcanza su punto culminante en Jesucristo.
Estamos llamados a ser misioneros de la Palabra. Sería hermoso que floreciera una nueva etapa de mayor amor a la Sagrada Escritura por parte de todos los miembros del Pueblo de Dios, de manera que… se profundice la relación con la persona misma de Jesús (Exhortación Apostólica Verbum Domini, 72). Sería bueno que la Palabra de Dios se convirtiera en el corazón de toda actividad eclesial (Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, 174); de una Iglesia que no habla de sí misma o por sí misma, sino que lleva en su corazón y en sus labios al Señor, que diariamente recurre a su Palabra.

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